Abuelos-nietos: un vínculo en el que todos ganan
“Desde que supe que iba a tener hijos, tuve claro que quería que me los cuidaran mis padres. No me gustaba que fueran a una guardería”, dice Nora de Krahl, de 64 años, profesora de inglés y...
“Desde que supe que iba a tener hijos, tuve claro que quería que me los cuidaran mis padres. No me gustaba que fueran a una guardería”, dice Nora de Krahl, de 64 años, profesora de inglés y madre de tres. “Muchas veces me preguntaron si no era mejor llevarlos a un jardín con el argumento de que después hay problemas. Pero, la verdad es que nunca los hubo. Si había algo que no quería que hicieran, se los decía, y lo respetaban. Confié en ellos plenamente”, recuerda. Y cuenta que esa confianza estaba presente en los detalles más simples: “Cuando yo no podía ir a una reunión de padres, iba mi papá y anotaba al pie de la letra todo lo que decían las maestras. Él le enseñó a uno de mis hijos a viajar solo en colectivo”, dice. “Mis padres no solo cuidaron a mis hijos, sino que los educaron. Entre juegos y meriendas, les fueron transmitiendo valores que quizás no hubieran llegado de la misma manera si el vínculo hubiera sido solo el de visitas ocasionales”, sostiene.
Una relación para toda la vida y más también. Los abuelos representan ese amor incondicional, el primer espacio seguro después de mamá y papá. El vínculo entre abuelos y nietos puede ser uno de los más positivos y enriquecedores de la vida familiar, con beneficios muy marcados para ambas partes.
Florencia Sanabria, médica pediatra y psiquiatra infantil, asegura que un abuelo disponible puede convertirse en una figura adicional de seguridad y, a través de conversaciones, relatos, juegos y actividades cotidianas, enriquecer el lenguaje, la curiosidad y el sentido de pertenencia. “Se trata de un vínculo intergeneracional de afecto, memoria y continuidad. Los abuelos conectan al niño con relatos, costumbres y experiencias anteriores a su nacimiento, ayudándolo a construir identidad y pertenencia”, explica.
Los consejos de Maritchu Seitún. Cómo ayudar a los hijos a construir la moral de la vida diaria
En la actualidad, la abuelidad es una cuestión más de la mediana edad que de la vejez, pero esto va a cambiar, progresivamente, a medida que las personas tengan hijos más tarde, según considera Ricardo Iacub, doctor en Psicología y profesor titular de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Autor del libro Narrar el envejecimiento desde la identidad, Iacub señala que para el chico los abuelos son los primeros con quienes establece un vínculo de cercanía más allá de los padres. “Es el primer alejamiento aceptado de los niños, por ejemplo, de poder ir a dormir a casa de los abuelos, de poder salir con ellos; representan un lugar de confianza. Sin duda, es un vínculo primordial que genera una seguridad exterior primaria a nivel social y esto es fundamental”, enfatiza.
Para los chicos, convivir con otra generación les ayuda a conocer otros ritmos, comprender el paso del tiempo y desarrollar empatía. “También aprenden observando cómo los abuelos manejan la frustración, se disculpan, agradecen, cuidan o enfrentan una pérdida”, dice Sanabria. Y subraya que la influencia de los abuelos en el desarrollo infantil es favorable cuando promueve seguridad, autonomía y respeto.
Impacto positivoEn cuanto al impacto de convertirse en abuelo, asegura que las investigaciones demuestran que es positivo. “Los informes hablan de la recuperación de un afecto que se había perdido, ligado a un cariño asociado a los hijos, pero que con hijos adultos no se puede expresar de la misma manera”, destaca Iacub. Gran parte de las investigaciones remarcan no solo las cuestiones relacionadas con el afecto, sino también con la ocupación y la prolongación vital o la percepción de que la vida continúa. “En una investigación que hice para mi primer libro, Proyectar la vida, Cipe Lincovsky (actriz argentina fallecida en 2015) me decía que sabía que algo de ella, que algún gesto o rasgo personal, se iba a transmitir a su nieto. Evidentemente, existe un aspecto de continuidad personal a partir de un nieto”, advierte el especialista.
Además, destaca que ser abuelo puede ser un acto muy placentero, especialmente durante los primeros años de los niños. “La abuelidad representa la cercanía con alguien con quien se puede jugar, con quien se puede volver a compartir tiempo. Hoy con una modalidad, especialmente en las clases medias, más de juego, mientras que en las clases más bajas la abuelidad todavía tiene que ver con una función solidaria de acompañamiento a la crianza por falta de medios”, advierte.
Asimismo, distingue que los vínculos se diferencian según el género, ya que, en términos generales, las mujeres describen un vínculo más afectivo, amoroso, de cuidados, de juegos, de recreación. En tanto que, en los hombres, se presenta más ligado a la transmisión cultural. “Se puede decir que en el vínculo entre abuelos y nietos aparece el juego, la transmisión cultural, que es fundamental, no solamente en el sentido social más amplio, sino también de las vivencias de la familia y del intercambio de épocas. También aparece algo de mediación de la relación de poder entre padres e hijos”, sostiene.
Cuenta Marcela Andreatini, de 61 años, que vive en el barrio porteño de Villa Urquiza, y abuela de Felipe, de casi un año, que le resulta gratificante cuidar a su nieto. “Comparto tiempo con él todas las mañanas en la empresa familiar y tres días a la semana lo llevo a almorzar a mi casa y lo cuidamos con mi marido durante unas dos horas. Disfrutamos descubrir cada nuevo gesto o sonido, escucharlo reír y sentir que es feliz”, dice. Pero aclara que también representa un desafío y una responsabilidad e incluye algunos temores, entre ellos: “Que no se lastime, que pueda consolarlo si llora o que mi energía sea óptima para estar disponible al cien por ciento”, señala.
Para los mayores, según Sanabria, el vínculo puede reforzar la generatividad, es decir, la sensación de tener algo valioso para transmitir. “Puede aportar propósito, afecto y participación social, siempre que el cuidado sea voluntario y compatible con sus posibilidades. Cuando es intenso u obligatorio, puede generar cansancio, estrés y pérdida de actividades propias”, advierte.
Una investigación reciente publicada en la revista Psychology and Aging, realizada sobre 2887 adultos mayores de 50 años residentes en Europa, concluyó que los que participan activamente en el cuidado de sus nietos tienden a mantener mejor su capacidad cognitiva. Las razones serían la relación intergeneracional y la mayor sociabilización a partir de este cuidado. El informe indicó que actividades como jugar, conversar, acompañar en tareas y resolver pequeños retos cotidianos se asocian con un menor deterioro de funciones como memoria, atención, procesamiento de información y flexibilidad cognitiva.
Además, se suman beneficios mentales, ya que el contacto con los jóvenes implica adaptación constante a estímulos nuevos, resolución de problemas impredecibles y comunicación activa, que se asocian a un mayor “entrenamiento del cerebro”. Por otro lado, el vínculo fomenta emociones positivas y sentido de propósito.
Sin embargo, el estudio asegura que aquellos abuelos que asumen roles demasiado exigentes o que se sienten estresados por la responsabilidad no evidencian los mismos resultados.
Juegos y meriendasEstá claro que cuando no son cuidadores principales, pueden ofrecer una disponibilidad más lúdica y menos ligada al rendimiento cotidiano, explica Sanabria.
Tal es el caso de Silvia Toubes, de 74, de Villa Ballester, que cuida a dos de sus cuatro nietos los viernes. Al más pequeño, Felipe, de un año, la mañana del viernes, y a Guillermina, de siete, el mismo día, la busca en el colegio, almuerza con ella y comparten la tarde hasta que sus papás la pasan a buscar. “Disfruto verlos crecer, sus ocurrencias y el cariño que me dan. A su vez, el cuidado representa una responsabilidad”, dice.
Sanabria reconoce que cuando los padres están presentes, el rol de los abuelos es complementario, no sustitutivo. “Es decir, acompañan, sostienen y enriquecen el desarrollo dentro de un marco acordado. No son simples cuidadores sin voz, pero tampoco una segunda autoridad que compite con los padres”, sostiene. Y aclara que este rol suele reunir funciones distinguibles: la primera es afectiva, al ofrecer al niño cercanía, consuelo, paciencia y estabilidad. Otra es práctica, ya que colabora con cuidados e imprevistos. Se suma una función cultural y narrativa que tiene que ver con la transmisión de historias, costumbres, valores y memoria familiar; mientras que cumplen, además, una social y ética que tiene que ver con modelar formas de conversar, reparar errores y relacionarse con otros.
En el cuidado diario, pueden aparecer situaciones que generen roces entre hijos y padres, en especial en lo que respecta a los límites y a la autoridad. Los temas más frecuentes suelen ser horarios, la alimentación, el uso de pantallas, la educación o la manera de poner normas. Para Yasmin Bellani, psicóloga especializada en gerontología y diplomada en neuropsicología aplicada en adultos mayores, el principal límite es no confundir roles. “Los abuelos no tienen que convertirse en padres de sus nietos, salvo en situaciones particulares en las que las circunstancias familiares lo requieran. También es importante respetar los tiempos, decisiones y espacios de cada generación. Los abuelos pueden expresar su opinión, pero no necesariamente imponerla”, dice. Y advierte que es necesario, también, que los padres reconozcan que tienen derecho a tener una vida propia, a descansar, viajar, trabajar, tener proyectos y decir que no cuando no pueden o no quieren asumir determinada responsabilidad.
Puntos de conflictoEn cuanto a la autoridad parental, reconoce que es uno de los puntos que más conflictos genera. Y asegura que la autoridad parental debe ser respetada. “Los abuelos pueden tener criterios diferentes, pero cuando están en desacuerdo con una decisión de los padres, lo saludable es conversar con ellos y no desautorizar frente al niño”, advierte Bellani.
Y asegura que uno de los conflictos más frecuentes aparece cuando los abuelos sienten que tienen derecho a decidir porque tienen más experiencia. Explica que el chico no debe quedar atrapado en el conflicto entre adultos: “No es saludable que tenga que elegir entre lo que dicen mamá y papá y lo que dice la abuela o el abuelo”. La clave está en construir acuerdos entre adultos y preservar al niño de esas diferencias.
“Con respecto a las pautas de crianza, las decisiones de los padres las acompaño en general. Particularmente, soy cero confrontativa, por lo cual, si tuviera que hacer alguna observación, lo haría con muchísima delicadeza y diplomacia, aun tratándose de mi propia hija”, explica Marcela. “¡Claro que me permito algunas licencias! Unos minutos extra de pantalla con Plim Plim o dejarlo tocar el microondas”, añade.
Susana Beatriz Larocca, de 76 años, tiene un solo nieto de casi dos años, que cuida una vez por semana. “No lo tomo como un cuidado; para mí es un recreo por la alegría de estar juntos y reírnos”, dice. En cuanto a límites y autoridad, reconoce que son los papás quienes ponen las normas. “Es su familia, yo tuve la mía; ahora la experiencia es de ellos. Respeto sus decisiones, aun cuando algunas me parecen exageradas. A lo sumo se los digo, pero nunca como una crítica, sino riéndome de cómo cambió todo respecto a otras épocas”, añade. Y reconoce que se esfuerza mucho en no entrometerse. “Tarea difícil pero obligatoria, yo la padecí con mi suegra y no quiero repetir ese modelo”, señala.
“Busco a mi nieta, Francesca, todos los días en el colegio a las cuatro de la tarde, después la viene a buscar su mamá y una vez por semana la llevo a danza urbana”, detalla Liliana Graciela Farina, que tiene 73 años y vive en San Isidro. Define la relación con su nieta como de amor total. “Es la luz de mi vida, mi motor”.
Cuenta que cuando nació su hijo tenía 21 años y que se divorció dos años después. “Tuve que salir a trabajar y mis padres me ayudaron a criarlo, pero me perdí muchos momentos. Con Francesca siento que estoy viviendo muchas de esas cosas que no viví con mi hijo”, dice. Liliana se reconoce como una abuela de sí fácil: “Me cuesta poner límites”, admite. Aunque no tiene mayores conflictos con los padres por la crianza de Francesca, “más allá de alguna corrección puntual de mi hijo”, aclara. “Creo que el rol de abuela funciona con otra lógica que el de padre o madre, y por eso a veces cuesta encontrar el punto en común, pero siempre se puede conversar”, asegura.
Para Marcela, en estos tiempos donde muchos papás tienen que salir a trabajar, el rol de los abuelos cobra mucha importancia porque saben que con ellos sus hijos estarán bien cuidados y, sobre todo, amados.
“Sé que no es igual para todas las familias, y que hay opiniones distintas sobre si es “trabajo” o no cuidar nietos, pero creo que la mayoría de los abuelos disfruta enormemente ese rol”, asegura Nora. “De algo estoy segura: el vínculo con los abuelos, cuando se ejerce con esa entrega, deja una marca que dura toda la vida”, finaliza.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/abuelos-nietos-un-vinculo-en-el-que-todos-ganan-nid13092026/