Adolescente muere luego de una mordedura de serpiente en Panamá
Un adolescente de 16 años murió tras una mordedura de serpiente en el sector de Caño de San Miguel, en el área norte de Penonomé, provincia de Coclé. Se trata de una de las últimas mu...
Un adolescente de 16 años murió tras una mordedura de serpiente en el sector de Caño de San Miguel, en el área norte de Penonomé, provincia de Coclé.
Se trata de una de las últimas muertes registradas por este tipo de accidente en esa provincia, que entre enero y agosto de 2026 concentra 119 personas atendidas de urgencia por mordeduras de ofidios.
La víctima habría sido atacada presumiblemente por un ejemplar de terciopelo, la serpiente considerada la más peligrosa del país. En la región ya se habían registrado dos muertes previas por la misma causa, en 2020 y 2021.
Del total de 119 mordeduras notificadas en la provincia entre enero y agosto, 75 correspondieron a hombres y 44 a mujeres.
El distrito de Penonomé encabeza el registro con 80 casos, de los cuales 53 afectaron a hombres y 27 a mujeres.
Antón sumó 19 casos, mientras que La Pintada y el poblado de El Valle de Antón registraron ocho cada uno, datos detallados por Gladys Hidalgo, jefa regional del Ministerio de Salud (Minsa).
La funcionaria explicó el patrón estacional del fenómeno, señalando que “por lo regular, los casos de mordeduras de serpientes aumentan en los meses de mayo y septiembre”, período en el que las condiciones húmedas favorecen una mayor interacción entre las personas y estos animales.
La mayor parte de las mordeduras notificadas en Coclé corresponde a la especie Bothrops asper, conocida popularmente como terciopelo, víbora X o simplemente X. Se trata de la serpiente más peligrosa de Panamá por la combinación de alta toxicidad y comportamiento defensivo.
En el país se han registrado en torno a 157 especies de serpientes, de las cuales solo 26 son venenosas.
Sin embargo, ese grupo reducido concentra la mayoría de los accidentes graves, en especial las víboras del género Bothrops, las patocas del género Porthidium y algunas corales del género Micrurus.
La distribución de estas especies se da en zonas rurales, agrícolas y boscosas de las provincias de Veraguas, Chiriquí, Coclé y Darién.
Esas cuatro provincias figuran de manera constante entre las de mayor riesgo, con tasas que superan el promedio nacional y sostienen una incidencia anual cercana a los 2.000 accidentes ofídicos.
Un informe del Minsa publicado en septiembre de 2026 documentó 7.338 mordeduras de ofidios en todo el país entre 2021 y 2025. De ese total, 835 casos correspondieron a Coclé, lo que ubica a la provincia entre las de mayor incidencia nacional.
El mismo reporte contabilizó un acumulado de 74 muertes notificadas por esta causa entre 2019 y 2025. Los datos preliminares de 2026 muestran un ligero descenso en el número de casos, aunque el organismo mantiene la situación como prioritaria.
En la provincia se combinan varios factores de riesgo: la temporada lluviosa, la vulnerabilidad de las comunidades rurales y las brechas en el acceso oportuno al suero antiofídico. Esa mezcla explica por qué Coclé repite episodios graves año tras año, incluida la muerte reciente del adolescente en Penonomé.
Ante una mordedura de serpiente, el Minsa recomienda no manipular ni intentar capturar al animal. También pide mantener a la persona afectada lo más tranquila posible, evitar remedios caseros o cualquier procedimiento sobre la herida y trasladarla cuanto antes a una instalación de salud.
Desde agosto de 2025, la Universidad de Panamá investiga el mismo veneno que causa estas muertes con un propósito distinto: combatir células cancerígenas. El trabajo lo desarrollan en la Facultad de Medicina y el Centro de Investigación e Información de Medicamentos y Tóxicos de esa casa de estudios.
El equipo analiza las toxinas presentes en el veneno de la serpiente X y también en el de ciertos alacranes, como el Tityus spp, hallados en Isla Coiba. El objetivo es determinar su efecto sobre distintos tipos de tumores.
Los ensayos se realizan en células de cáncer de piel, cerebral y pulmonar. Al verter el veneno sobre esas células, los investigadores observaron que la herida tarda en cerrar, lo que indica que las toxinas afectan la propagación de las células malignas que forman un tumor.
El hallazgo arrojó un efecto positivo en el experimento, según describe el propio estudio universitario. La investigación continúa en curso y busca profundizar en el mecanismo por el cual estas toxinas interfieren en el crecimiento tumoral.