Apicultores panameños desarrollan la cría, cuidado y el manejo sostenible de las abejas sin aguijón
La cría, cuidado y manejo sostenible de las abejas nativas sin aguijón es una alternativa que empiezan a vislumbrar los apicultores panameños, quienes recibieron orientación sobre el manejo de ...
La cría, cuidado y manejo sostenible de las abejas nativas sin aguijón es una alternativa que empiezan a vislumbrar los apicultores panameños, quienes recibieron orientación sobre el manejo de colmenas.
También observaron una demostración práctica del trasiego de dos colmenas, acompañada de recomendaciones para cuidar adecuadamente estas especies.
Panamá es un país clave para comprender la relación entre abejas nativas sin aguijón, producción de miel y políticas públicas agropecuarias, en un contexto de cambio climático, transformación rural y rescate de tradiciones ancestrales.
La información existente indica que en el país coexisten la abeja europea Apis mellifera, introducida y dominante en la apicultura comercial, y un conjunto diverso de especies de abejas nativas sin aguijón pertenecientes a la tribu Meliponini, conocidas popularmente como meliponas, angelitas o abejas “que no pican”.
Estas abejas nativas se caracterizan por su aguijón atrofiado, su organización social avanzada y su alta eficiencia como polinizadores de cultivos como aguacate, coco, café y cucurbitáceas, así como de vegetación silvestre en agroecosistemas tropicales.
La miel que producen es sensorial y químicamente distinta de la miel de Apis mellifera.
Tiene mayor contenido de humedad, suele ser más fluida, presenta una acidez más elevada y concentra compuestos bioactivos como polifenoles y flavonoides, lo que ha impulsado su valoración como miel exótica de potencial nutricional y terapéutico superior.
Sin embargo, fuentes consultadas explicaron que la producción de miel de abejas sin aguijón es cuantitativamente menor, se mantiene mayormente en circuitos locales y enfrenta amenazas como pérdida de hábitat, presión de la apicultura convencional y abandono de prácticas tradicionales de meliponicultura.
Frente a este panorama, el Estado ha desarrollado un entramado de programas y proyectos liderados principalmente por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) y el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá (IDIAP), que buscan fortalecer la apicultura y, de manera creciente, la meliponicultura, como estrategias de desarrollo rural sostenible, diversificación productiva y conservación de ecosistemas clave como los manglares.
Desde 2011, el Programa de Sanidad Apícola del MIDA monitorea plagas y enfermedades en los sistemas productivos apícolas, complementando la dimensión sanitaria con acciones de capacitación, entrega de equipos e insumos, y acompañamiento técnico a productores.
En marzo de este año las poblaciones de París y Santa Ana, ubicadas en las provincias de Herrera y Los Santos, respectivamente, cosecharon los primeros litros de miel obtenidos dentro de un ecosistema de manglar, un entorno natural amenazado por la crisis climática, registró Infobae.
La recolección representó un avance para las comunidades locales, que buscan alternativas económicas sostenibles y mecanismos de protección ambiental.
La Dirección Nacional de Ganadería impulsa el Programa Apícola, que registra más de 400 apicultores con 9,344 colmenas de Apis mellifera y una producción aproximada de 49,311 galones de miel, mientras que en paralelo surgen iniciativas específicas dedicadas a las abejas sin aguijón, como capacitaciones en meliponicultura y festivales educativos que ponen en primer plano el valor cultural y ecológico de las abejas nativas del trópico.
El IDIAP, por su parte, ejecuta proyectos de I+D en apicultura y meliponicultura, incluyendo líneas de investigación sobre secuenciación genética de abejas, nutrición en periodos críticos, potencial de polinización de meliponas en cultivos de invernadero y análisis fisicoquímico de mieles producidas en ecosistemas de manglar.
En el contexto panameño, la abeja europea se ha convertido en la especie domesticada central de la apicultura comercial moderna, mientras que las abejas sin aguijón mantienen una presencia más discreta pero significativa, asociada a prácticas rurales tradicionales y, más recientemente, a emprendimientos de meliponicultura que buscan poner en valor la miel exótica y el rol de estos polinizadores en sistemas agrícolas diversificados.
La coexistencia de ambos grupos plantea preguntas relevantes sobre competencia por recursos florales, transmisión de enfermedades y posibles sinergias en términos de servicios ecosistémicos, aunque la evidencia disponible señala que la diversidad de abejas nativas puede complementar los servicios de polinización aportados por Apis mellifera, especialmente en cultivos específicos donde los meliponinos muestran mayor eficiencia.