Bogotá y Cundinamarca se librarían de un racionamiento por ahora: la CAR pidió no bajar la guardia pese a niveles elevados en los embalses
La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) advirtió en la mañana del lunes 5 de octubre que los embalses que abastecen a Bogotá y parte del departamento cerraron el mes de septiemb...
La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) advirtió en la mañana del lunes 5 de octubre que los embalses que abastecen a Bogotá y parte del departamento cerraron el mes de septiembre con reservas elevadas, pero ese volumen no elimina el riesgo de sequía ni de desabastecimiento ante la reducción de lluvias prevista para los próximos meses.
La entidad ambiental alertó que al menos 35 municipios de Cundinamarca enfrentan ya algún nivel de crisis hídrica, en un escenario agravado por la intensificación del fenómeno de El Niño en todo el territorio nacional.
La corporación reforzó las tareas de control y vigilancia en sus 14 regiones para detectar captaciones ilegales y otros usos que puedan afectar el acceso de las comunidades al agua. El descenso de las precipitaciones ya comenzó a reflejarse en algunas fuentes hídricas, por lo que el monitoreo se concentra en proteger el abastecimiento local, especialmente en municipios que no dependen de embalses sino de bocatomas directas sobre ríos y quebradas.
El sistema Chingaza terminó septiembre con un promedio de 94% de su capacidad, mientras que el Agregado Sur alcanzó 101%. Los embalses Neusa y Sisga, integrados en el Agregado Norte, superaron el 85%, de acuerdo con el balance de la CAR con corte al 30 de septiembre.
Esos niveles permitieron mantener una operación controlada de las descargas de agua durante el mes. Las lluvias en la región oriental contribuyeron a recuperar las reservas de los embalses del centro del país, aunque la autoridad ambiental pidió preservarlas para una etapa de menores precipitaciones.
Neusa, Sisga y El Hato mantuvieron una tendencia equilibrada, pero registraron descensos puntuales desde la segunda mitad de septiembre por la menor presencia de lluvias. Chuza y San Rafael, vinculados a Chingaza, mostraron aumentos, al igual que Chisacá y La Regadera, que administra la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (Eaab) y forman parte del Agregado Sur.
Los pronósticos de la corporación anticipan una intensificación del fenómeno de El Niño hacia el cierre de 2026. El periodo seco podría extenderse hasta mediados de 2027, según la entidad ambiental, en línea con las alertas del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), que señala un aumento progresivo de la temperatura superficial del mar en la región central y oriental del Pacífico ecuatorial.
El director de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, pidió que los niveles actuales no se interpreten como una disponibilidad ilimitada. “En el papel hay solvencia hídrica, pero el agua no es infinita”, señaló.
Déficit crítico de lluvias en seis cuencas del departamentoMás allá de los grandes embalses, el panorama hídrico del departamento muestra señales de deterioro. El informe de la CAR con corte a septiembre revela que las precipitaciones acumuladas en las seis principales cuencas del departamento se quedaron por debajo de la media histórica en todos los casos.
La cuenca del río Negro es la más afectada: sus registros de lluvias equivalen a apenas el 2% de su promedio histórico. La cuenca alta del río Bogotá cerró el mes con 33,1 milímetros frente a los 53,7 milímetros históricos, un déficit de 61,6%. Incluso la cuenca media, la de mejor desempeño relativo, registró un cumplimiento de solo el 79,6% respecto a su promedio.
Este déficit tiene consecuencias directas en provincias como Rionegro y Sumapaz, que no cuentan con represas de almacenamiento y dependen de forma directa de las lluvias y de la escorrentía de sus afluentes naturales. Esas regiones ya muestran descensos considerables en los niveles de monitoreo de ríos y quebradas.
“No hay espacio para la confianza”, afirmó Ballesteros, quien advirtió que las reservas en las represas no garantizan tranquilidad para la totalidad del departamento y que “el riesgo es real para todo el territorio”.
El mapa de la crisis identifica seis poblaciones en alerta roja —Villeta, Caparrapí, Tocaima, El Colegio, Viotá y Guachetá—, siete en alerta naranja y 16 en alerta amarilla. Puerto Salgar y Viotá ya declararon calamidad pública.
La entidad llamó a sostener un uso responsable del recurso en los hogares, los acueductos y los sectores productivos. Ballesteros cuestionó que la población abandone las medidas de prevención por el nivel actual de los embalses. “Relajarnos ante la amenaza de una supersequía sería un error crítico”, afirmó.
El director señaló que el problema central de los municipios en riesgo es su dependencia de bocatomas ligadas a nacimientos, quebradas y ríos. “Estos ecosistemas son los más vulnerables a estas temporadas secas, son los que presentan disminuciones de los caudales”, explicó. Municipios como Mosquera, Madrid y Funza ya complementan su suministro de agua potable mediante pozos subterráneos.
Ballesteros propuso revisar las concesiones de agua otorgadas en las zonas expuestas al descenso de caudales. La medida busca asegurar que el consumo humano tenga prioridad sobre otros usos del recurso.
“Mientras medio país ya padece estrés hídrico sería irresponsable vender una ilusión de abundancia inagotable en el centro del país”, afirmó Ballesteros. La CAR, en paralelo, ejecuta la compra de predios y esquemas de pago por servicios ambientales con comunidades campesinas para la recuperación de microcuencas en zonas de alta vulnerabilidad.