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Dar la vuelta al mundo: los argentinos que lograron cumplir el sueño de muchos

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Dar la vuelta al mundo navegando por mares desconocidos y topándose con infinidad de experiencias y geografías resulta una fantasía para muchas personas en todo el plan...

Dar la vuelta al mundo: los argentinos que lograron cumplir el sueño de muchos

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Dar la vuelta al mundo navegando por mares desconocidos y topándose con infinidad de experiencias y geografías resulta una fantasía para muchas personas en todo el plan...

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Dar la vuelta al mundo navegando por mares desconocidos y topándose con infinidad de experiencias y geografías resulta una fantasía para muchas personas en todo el planeta. Sin embargo, un puñado de aventureros –entre los que hay algunos argentinos– cumplió el sueño de convertirse en circunnavegantes.

Ricardo Cufré es uno de ellos. Su escuela secundaria fue el Liceo Naval, donde se recibió a los 18: “Ahí era obligatorio aprender a navegar. Y me enamoré de la vela. Aprendí que la náutica es un verdadero idioma ultra específico. La historia de la navegación tiene unos 4000 años, aunque solamente hace 200 años que existe el acero. Los barcos eran de madera antes y se construían pieza por pieza. Todo eso me fascinó”.

Jamás tuvo barco propio pero no se alejó nunca más de ese universo. Practicaba en clubes náuticos y salía a navegar con amigos. Los viajes se volvieron cada vez más largos. A los 18 hizo su primer cruce del Río de la Plata en velero. “Con un amigo fuimos a Colonia. Me sentía Cristóbal Colón cuando me bajé. Era descubrir un continente”, recuerda. Con el correr de los años iría acumulando viajes largos, a Punta del Este, Florianópolis, Río de Janeiro.

Vivió luego unos 20 años en Europa, donde se dedicó a navegar profesionalmente. Especialmente en el Mediterráneo, vivió de la navegación de crucero, con la que pasaba semanas, meses y hasta más de un año en el mar. Participó de películas, programas de televisión e hizo viajes con científicos, pintores, escritores y fotógrafos. Y en 1997 tomó una de las mejores decisiones de su vida: el 23 de noviembre de ese año zarpó junto a su amigo Bruno Nicoletti para dar la vuelta al mundo.

“Hay solo dos rutas para completar la vuelta: la del Ecuador, que se hace hacia el oeste, y la del sur, que se hace en sentido contrario. La primera es, digamos, la linda, toca muchos países. Y luego está la ruta dura, fría, ventosa, que es la del sur. Se hace alrededor de la Antártida. Ahí los vientos corren sin continentes que los frenen. Vito Dumas fue el primero en dar la vuelta al mundo por esa ruta considerada imposible. Nosotros seguimos la estela de Vito Dumas. Y fuimos la primera tripulación en hacer esa vuelta a bordo de un catamarán, que fue construido en Francia”, subraya el navegante, que es además uno de los biógrafos más destacados de Dumas.

Fueron 139 días a bordo del catamarán, que tiene siete metros de manga. Cufré remarca el horizonte: “Navegamos por los mares del sur, entre 40 y 50 grados sur, sin ver nada, ni otros barcos, ni peces, ni ballenas, hasta Nueva Zelanda. Ahí nos íbamos a quedar una semana y nos quedamos tres meses”. También dice que Bruno pescó un atún y comieron carne de atún durante una semana. Lo demás era agua y mucho viento frío. “Yo tenía una sensación rara: tenía toda la humanidad a mi izquierda (porque siempre íbamos hacia el este, siempre hacia el amanecer). Estás ahí solo, nadie te puede dar una mano. En ese momento, no existía la tecnología actual”, resume.

Y continúa: “Lo más difícil de la vuelta al mundo es largar amarras. Todo lo demás viene solo y se va solo. La decisión de largarse, eso es lo más difícil. Y lo hice para saber si era capaz de cumplir un sueño”.

Algo similar experimentó la psicoanalista Marisa Bianco, otra referente de la náutica argentina. A los 60 años, el 8 de marzo de 2006, soltó amarras desde el Yacht Club Centro Naval a bordo de su velero de acero Huayra. Completaría –a veces en solitario y otras acompañada– una circunnavegación de cinco años. “Fue una mezcla de intuición y necesidad interna. Sentía que la seguridad de una vida pautada y predecible con sus rutinas, horarios y obligaciones me estaba adormeciendo. Sentía que la vida tenía más para ofrecerme y salí a buscarlo. Solté amarras sin un plan muy definido, aceptando el desafío, dejándome llevar”, cuenta Bianco.

Ella hizo la ruta del Ecuador. Uno de los lugares que recuerda con más cariño son las islas Marquesas, en la Polinesia Francesa: “Llegué a ellas después de 23 días de navegación desde Galápagos. La exuberante vegetación, el aroma de las flores y la cálida acogida con que los locales reciben a los navegantes me cautivaron de inmediato”. La argentina pasó 8 meses en las Marquesas, navegó por todas sus islas, disfrutó de sus escarpados montes, cada árbol, cada flor y hasta cada piedra. “Cuando llegó el momento de partir –con una mezcla de tristeza por lo que dejaba atrás y entusiasmo por ir al encuentro de los atolones de Tuamotu–, puse la proa del Huayra rumbo al atolón de Makemo, a 500 millas al este de las Marquesas”.

Todos los circunnavegantes destacan la grandeza del océano. “Estar en el medio del mar cuando a 1000 km a la redonda solo hay mar y cielo, así como navegar días y días empujada por el viento, son experiencias únicas de comunión con la naturaleza. El cielo y el mar cambian constantemente: las nubes van tomando distintas formas y colores, moviéndose a diferentes velocidades y direcciones. Te anuncian cómo será tu travesía. El mar a veces muestra una energía descomunal y otras es sorprendentemente tranquilo. El sol aparece luego de una tormenta para calentar el cuerpo y el alma. Y las puestas de sol son de por sí un capítulo aparte. En el mar todo está en continuo movimiento, todo se transforma instante tras instante y experimentás que tu vida también se transforma y forma parte de todo eso. Tomás conciencia de tu presente, revisás tu pasado y te replanteás el futuro”, sostiene Bianco.

El capitán de ultramar Carlos Solari señala que el regreso de Marisa en 2012 la consagró como la primera capitana argentina en dar la vuelta al mundo en su propia embarcación: “Ella personifica la resiliencia y la capacidad de reinventarse, habiendo reparado ella misma su barco antes de partir. Su bitácora es hoy una inspiración para quienes buscan en el mar una forma de libertad y autodescubrimiento”.

Lo cierto es que la vuelta al mundo en solitario concretada entre 1942 y 1943 por Vito Dumas resulta el mayor punto de referencia: la travesía a bordo del Lehg II resultó excepcional y proyectó a la navegación argentina entre las más prestigiosas del mundo. “Lo singular de ese hito en la historia de la navegación mundial es que, a mediados del siglo XX, navegó prácticamente con tecnología propia del siglo XVIII, lo que no hace más que agigantar la dimensión de su travesía”, añade Solari.

Ese y otros periplos oceánicos son el eje del ciclo del Circunnavegante Argentino, que se hará este jueves y viernes en Villa La Angostura (Biblioteca Osvaldo Bayer) y Bariloche (Estación Araucanía). Del encuentro –organizado por el Archivo de la Navegación Nahuelhuapi y el Club Náutico Peñón– participan Cufré, Bianco y Aurora Canessa, la primera mujer argentina en cruzar el Atlántico en solitario a vela, hazaña que cumplió a sus 65 años a bordo del Shipping. Entre sus hitos también destaca la expedición a las Islas Malvinas en 1992 a bordo de su velero Malabar.

En ese marco se instaurará, asimismo, el Día del Circunnavegante Argentino, que se conmemorará cada 17 de julio en homenaje a Tomás Espora, primer argentino en completar una circunnavegación, entre 1817 y 1819. “Este encuentro busca reconocer el recorrido de la circunnavegación argentina y su proyección en el tiempo, uniendo el legado de los pioneros con quienes hoy lo sostienen”, cierra Solari.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/dar-la-vuelta-al-mundo-la-fantasia-que-lograron-concretar-algunos-argentinos-nid07052026/

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