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De un orfanato de China al activismo contra “el buenismo” y la idealización de la adopción: “No somos la segunda opción ni animalitos lisiados que rescatar”

A Alicia la recogieron del orfanato de Jiujiang cuando apenas tenía unos meses de vida. Era la década de los 90 y en China regía de forma severa la política del hijo único: una medida demográ...

De un orfanato de China al activismo contra “el buenismo” y la idealización de la adopción: “No somos la segunda opción ni animalitos lisiados que rescatar”

A Alicia la recogieron del orfanato de Jiujiang cuando apenas tenía unos meses de vida. Era la década de los 90 y en China regía de forma severa la política del hijo único: una medida demográ...

A Alicia la recogieron del orfanato de Jiujiang cuando apenas tenía unos meses de vida. Era la década de los 90 y en China regía de forma severa la política del hijo único: una medida demográfica que sancionaba a las familias que superaban la cuota permitida y que, sumada a una preferencia cultural por los varones, desembocó en el abandono o la entrega forzada de miles de recién nacidas. Entre 1992 y 2024, más de 160.000 niños chinos —alrededor del 80% o 90% de ellos, niñas— salieron de su país mediante procesos de adopción internacional, con más de 16.000 destinos fijados en España. Alicia fue una de ellas.

Durante años, la narrativa oficial y social envolvió estas adopciones en un aura de rescate y “final feliz”. Sin embargo, hoy, a sus 28 años, la perspectiva de Alicia desmantela esa visión edulcorada para mostrar las complejas secuelas identitarias y de salud mental que afrontan los adultos adoptados. “Sufrimos un trauma mucho antes de poder verbalizarlo, pero se nos ha silenciado con una tirita de agradecimiento”, relata Alicia a Infobae sobre esa experiencia temprana vinculada al abandono.

Para Alicia, el despertar a su propia historia no fue inmediato, sino un proceso gradual. Durante casi un cuarto de siglo, creció escuchando que sus padres biológicos habían muerto ahogados tras el desbordamiento del río Amarillo en Jiujiang. Sin embargo, la narrativa dio un giro drástico cuando le revelaron una segunda versión: que en realidad la habían encontrado en un mercado de frutas, como consecuencia de la política demográfica estatal. “Sientes la rabia de pensar que has pasado por todo esto porque has sido el experimento de un gobierno”, indica.

En septiembre de 2024, el Gobierno chino anunció el cierre definitivo de su programa de adopción internacional, marcando el fin de una era geopolítica. La noticia le provocó sentimientos encontrados a esta joven madrileña: “Sentí un gran alivio porque se le ahorra mucho sufrimiento a una nueva generación que iba a pasar por ser adoptada, pero en el fondo pienso: ‘Si no hubiese existido esta ley, yo sería otra persona, viviría en otro sitio o quizá viviría con mi familia biológica’”.

“Es muy raro encontrar profesionales informados en el trauma de la adopción”

Crecer como una persona racializada en un entorno mayoritariamente blanco supuso una experiencia de aislamiento constante. “En el colegio era estar como en modo supervivencia y ver quién se iba a meter conmigo ese día”, recuerda. A los insultos cotidianos en el patio de recreo se sumaban los clichés raciales: “Había profesores que te decían: ‘Tú eres china, deberías aprobar en clase y saber estas cosas’”.

Frente a la incomprensión de muchos círculos sociales que desestimaban sus vivencias, acusándola de “exagerar” o “victimizarse”, Alicia subraya lo decisivo que es construir un entorno consciente para no dudar de la propia realidad. “Escoger gente más consciente del racismo y la discriminación fue un gran cambio. El entorno juega un papel importante a la hora de relacionarse y conocerse a uno mismo”, reflexiona.

Al crecer, Alicia comenzó a utilizar las redes sociales para visibilizar las sombras de la adopción y romper el aislamiento emocional. Aunque su contenido recibe duras críticas de sectores que la acusan de “desagradecida”, también sirve de refugio para muchas personas en su misma situación. “Muchos adoptados encuentran palabras a sentimientos que tenían y no sabían dónde ponerlos”, explica sobre el proceso de romper la llamada ‘niebla de la adopción’, ese estado de ciega conformidad en el que no se cuestionan las heridas del pasado.

Sin embargo, ese proceso de sanación tropieza frecuentemente con un sistema desinformado. Alicia denuncia la escasez de profesionales de la psicología especializados en el trauma específico de la adopción, el apego y el racismo: “Es muy raro encontrar profesionales informados en el trauma de la adopción”. En su propia búsqueda de ayuda terapéutica, llegó a dar con especialistas que ignoraban la violencia del racismo diario, minimizando sus vivencias y achacándolas a una falta de autoestima personal.

“Se nos ve como algo que salvar”

En esta labor de concienciación, Alicia denuncia cómo las familias suelen proyectar sus vacíos en los niños adoptados y cómo la adopción a menudo se convierte en un instrumento para satisfacer las carencias. “No solo se romantiza y se nos ve como algo que salvar más que a algo que acompañar. La adopción no existe para gente que no quiere quedarse embarazada; no somos la segunda opción ni animalitos lisiados que necesitan ser rescatados”, indica.

Según explica, poner expectativas y etiquetas en un menor en situación de vulnerabilidad, pensando que por darle amor te lo tiene que devolver, es “condenar a ese niño al fracaso cuando le sea imposible cumplir con esas expectativas implantadas por adultos con carencias y vacíos que las han proyectado en él”. Un mecanismo de “buenismo” que genera una exigencia implícita de complacencia desde la infancia: “Tener un niño calladito y obediente puede verse como un signo de trauma, ya que tienes que ser el hijo perfecto para que no te vuelvan a abandonar”.

“No todas las niñas fueron abandonadas por no ser deseadas”

Frente al prejuicio de que los bebés en China fueron abandonados únicamente por desinterés maternal, Alicia destaca la realidad a la que fueron sometidas miles de mujeres. “No todas las niñas fueron abandonadas por no ser deseadas. Muchas de esas niñas fueron robadas por las autoridades o tuvieron que ser abandonadas al no poder pagar la multa”, defiende al recordar que, sobre todo en las zonas rurales, el nacimiento de un segundo hijo acarreaba sanciones económicas inasumibles impuestas por el Estado.

Aun así, el vacío de la incertidumbre permanece. Esa necesidad de reconstruir el origen impulsa a muchos jóvenes a indagar. Alicia hace unos años se hizo un test de ADN en MyHeritage buscando rastros de su mapa genealógico. “Cuando me meto en la aplicación y veo el árbol genealógico, solo estoy yo”, lamenta. No figuraba ninguna coincidencia familiar. A través de la comunidad de personas adoptadas, Alicia ha ido rellenando pequeñas piezas de su historia, como conectar con otros jóvenes que compartieron el mismo orfanato en Jiujiang.

Su testimonio no busca erradicar la adopción, sino transformar radicalmente la manera en que se entiende y se gestiona. “No estoy en contra de la adopción, estoy en contra de la adopción tal y como se ha estado practicando hasta ahora, desde una visión centrada en los adultos y no en los menores”, aclara. Para ella, la clave reside en la honestidad de quienes deciden iniciar este camino: “Si la gente va a adoptar, que lo haga informada y desde la responsabilidad. Un niño adoptado no es una hoja en blanco, tenemos una historia, una cultura y una identidad previa”.

Fuente: https://www.infobae.com/espana/2026/09/28/de-un-orfanato-de-china-al-activismo-contra-el-buenismo-y-la-idealizacion-de-la-adopcion-no-somos-la-segunda-opcion-ni-animalitos-lisiados-que-rescatar/

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