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Dejaron su empresa para mudarse a las sierras y armar una posada campestre

Viviana Bornancini y Andrés Pucheta nunca imaginaron tener un hotel boutique con spa en las sierras de Córdoba. Mucho menos, ser los chefs del único restaurante especializado en cocina nikkei y ...

Dejaron su empresa para mudarse a las sierras y armar una posada campestre

Viviana Bornancini y Andrés Pucheta nunca imaginaron tener un hotel boutique con spa en las sierras de Córdoba. Mucho menos, ser los chefs del único restaurante especializado en cocina nikkei y ...

Viviana Bornancini y Andrés Pucheta nunca imaginaron tener un hotel boutique con spa en las sierras de Córdoba. Mucho menos, ser los chefs del único restaurante especializado en cocina nikkei y sushi de Villa General Belgrano, en el valle de Calamuchita.

Pero la vida los fue llevando por caminos inesperados y ahí se encuentran hoy, administrando y trabajando en Posada de Campo, un alojamiento con estilo y una energía difícil de explicar.

El establecimiento se ubica a sólo dos kilómetros del ingreso al precioso pueblo de identidad centroeuropea, conocido por su historia de inmigración alemana y austríaca, así como por sus emblemáticas celebraciones: la Fiesta de la Cerveza, la del Chocolate Alpino y de la Masa Vienesa. Está a 85 kilómetros de la ciudad de Córdoba.

La posada cuenta con 13 habitaciones, una pileta rodeada de un parque con flores y árboles nativos y una tina de madera con agua climatizada. En el spa holístico Dhalia, Mara Troncoso y su equipo ofrecen masajes y tratamientos realizados con productos veganos de Calixta Cosmética Natural y aromas de Quinta Esencia, de Atos Pampa.

El lobby y el salón principal son un viaje en el tiempo. Está repleto de antigüedades que la pareja recolecta en distintos puntos del país: una radio Tonomac de seis bandas, una balanza de mármol que compraron a la vera de una ruta y hasta un “pata de lana”, usado antiguamente para cardar colchones. Cada objeto cuenta una historia.

Un cambio de vida

La posada nace del deseo de la pareja de un cambio de vida. Ambos eran empresarios de la industria del calzado en la ciudad de Córdoba, pero los vaivenes económicos y el ritmo acelerado los motivaron a imaginar otros rumbos, allá por el año 2012. “Deseábamos vivir más tranquilos, vivir mejor, más relajados. Eso significó un camino interior, de ir viendo adentro, a dónde queríamos ir, cómo queríamos vivir”, explica Viviana.

Tras un período de introspección, un allegado les sugirió el rubro hotelero en Villa General Belgrano, un mundo completamente desconocido para ellos. “Ahí se nos prendió esa lamparita: por qué no nosotros. No teníamos mucho norte, no sabíamos hacia dónde dirigir ese cambio”, recuerda ella.

Comenzaron la búsqueda en Calamuchita, un destino que les encantaba y donde vacacionaron en varias oportunidades. “Cuando las cosas se tienen que dar, se dan”, reflexionan hoy.

Sin embargo, el proceso fue atravesado por el dolor. Cuando ya habían decidido comprar la posada, su hijo Luciano, de 18 años, falleció en un accidente en Nueva Zelanda. “Cuando fallece se suspende todo”, cuenta Andrés.

Meses después, decidieron seguir adelante con la adquisición del inmueble. Ya no lo veían sólo como un negocio, sino como un propósito de vida. “Queríamos crear un refugio donde otros pudieran encontrar paz y desconexión, del mismo modo en que nosotros necesitábamos hacerlo”, dice Andrés.

La pareja cuenta que estaban atentos a los indicios que iban apareciendo y relatan, incluso, un momento místico. Le pidieron a su hijo una señal y, de inmediato, apareció un comprador para su casa de Córdoba, que la necesitaba para la semana siguiente. Así, en pocos días, cerraron la operación y compraron la posada.

“El proceso de comprender la partida de Luciano fue largo y transformador. Pero con el tiempo, entendimos que no era un final, sino un llamado a vivir de otra manera”, asegura Andrés.

La historia completa de la génesis del alojamiento puede leerse en un libro disponible en cada habitación.

Un proyecto en construcción

Sin experiencia en hotelería, la pareja comenzó a dar forma a una posada que aún estaba sin terminar. Los primeros años trabajaron en simultáneo en Córdoba hasta que en 2019 se mudaron definitivamente a la villa.

El primer fin de semana se llenó, lo que los impulsó a mejorar cada detalle hasta lograr el lugar que ellos mismos elegirían como huéspedes: prolijo, cálido y con servicios de calidad.

“Este no es un proyecto concluido; esto sigue siendo”, remarca Viviana.

Con el tiempo fueron ampliando, mejorando y compraron terrenos colindantes. Hoy el predio cuenta con casi dos hectáreas y muchas ideas: proyectan un viñedo, estanques de plantas acuáticas y hasta un invernadero.

“La gente cuando entra acá recibe una energía especial dada por el amor, el cariño, la dedicación. Es algo que es invisible, pero la gente nos dice permanentemente que se siente esa paz”, apunta Viviana.

Los dueños están en todos los detalles: cocinan, sirven las mesas y, entre tantas cosas, supervisan el parque junto al personal, que destaca por su hospitalidad.

La posada es sólo para adultos, lo que garantiza ambientes sin ruidos y descontracturados. Cuentan con infusiones sin costo todo el día (incluso hay disponibilidad de termos, mates, yerba y agua) y las parrillas son de uso libre para los huéspedes.

Actualmente ofrecen paquetes a medida y promociones que incluyen dos o tres días, con cena o con spa.

Sushi de autor

El restaurante Nohara (significa “campo” en japonés) de cocina nikkei y sushi de autor abrió sus puertas en 2019. “Eso que dijimos que nunca íbamos a poner porque sabemos el trabajo que hay detrás, es lo que terminamos poniendo”, se ríe Viviana.

Pero ante la falta de oferta de sushi en el pueblo, la pareja decidió aprender el arte de su elaboración.

“A mí toda la vida me gustó la cocina. Hice cursos de todo lo que se te pueda ocurrir, asiática, mexicana, árabe, pero nunca había hecho sushi. Así es la vida que nos presenta estas situaciones a ver qué hace uno”, piensa Viviana.

Tras superar el cierre por la pandemia, hoy el restaurante recibe tanto a huéspedes como público general de la villa y de otras localidades como Río Tercero, Alta Gracia, el Durazno o Yacanto. Ofrecen modalidad de sushi libre, take away y cena con pedido y reserva previa. Los lunes está cerrado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/dejaron-su-empresa-para-mudarse-a-las-sierras-y-armar-una-posada-campestre-nid16042026/

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