El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales prevé que El Niño tendrá una intensidad débil en el país
Las autoridades nicaragüenses estiman que el fenómeno de El Niño, que comenzó a desarrollarse en la región en junio de 2026, tendrá una intensidad débil en el país. Así lo señaló el Inst...
Las autoridades nicaragüenses estiman que el fenómeno de El Niño, que comenzó a desarrollarse en la región en junio de 2026, tendrá una intensidad débil en el país. Así lo señaló el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), según reportes del diario La Prensa, en su análisis más reciente sobre el comportamiento climático y las proyecciones para los próximos meses.
El Ineter emitió su último boletín basado en datos de temperatura del mar y de la atmósfera, indicando que Nicaragua enfrenta una transición hacia una fase cálida del fenómeno El Niño, pero con valores que sugieren un impacto limitado en comparación con otros años. Según el análisis presentado por La Prensa, la anomalía de la temperatura del mar en el Pacífico ecuatorial se encuentra alrededor de +0.4°C, mientras que el índice de Oscilación del Sur se sitúa en -1.2, lo que respalda la expectativa de que la intensidad de El Niño sea baja.
Sin embargo, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la NOAA de Estados Unidos han advertido sobre la probabilidad de un evento más intenso en la región. La OMM comunicó que existe un 80% de posibilidades de que El Niño se consolide entre junio y agosto de 2026, y que las temperaturas superficiales del mar podrían sobrepasar los 2 grados Celsius, umbral a partir del cual el fenómeno se considera muy fuerte. Sin embargo, La Prensa resalta que los modelos nacionales no prevén ese escenario para Nicaragua, lo que disminuye el riesgo de sequías extremas y afectaciones graves en el país.
Especialistas consultados por La Prensa explican que El Niño tiene diferentes niveles de intensidad: débil, moderado, fuerte y muy fuerte. Álvaro Brenes, meteorólogo de la Universidad de Costa Rica, señaló al medio nicaragüense que en años previos se han registrado anomalías de hasta 3.8 grados Celsius en el Pacífico, lo que generó condiciones muy severas. Para la presente temporada, los registros y proyecciones muestran que los valores serán menores, por lo que se espera que el impacto sea limitado.
La meteoróloga Raquel Sequeira también destacó en declaraciones recogidas por La Prensa que el impacto de El Niño depende del grado de calentamiento en el océano Pacífico tropical. En ese sentido, se prevé que Nicaragua viva una temporada más moderada, con efectos menos marcados que en años anteriores.
Impacto en la producción y el ambienteDe acuerdo con el análisis de La Prensa, El Niño suele asociarse en Nicaragua con la disminución de lluvias y el aumento de la sequía, especialmente en el llamado corredor seco. Esto afecta la agricultura, la generación de energía hidroeléctrica y el abastecimiento de agua. No obstante, los expertos advierten que El Niño también puede provocar lluvias intensas pero localizadas, principalmente en el Caribe nicaragüense.
El Ineter puntualiza que, aunque la tendencia general es hacia condiciones más secas, existen zonas donde se pueden presentar precipitaciones intensas en periodos cortos, lo que también puede generar riesgos de inundaciones.
Preparación y recomendacionesEl diario La Prensa subraya la importancia de mantener sistemas de alerta temprana en las comunidades más vulnerables. Los expertos recomiendan que los sectores productivos, como la agricultura y la ganadería, adopten medidas anticipadas para minimizar los impactos de las variaciones climáticas, evaluando cambios en los ciclos de siembra o alternativas de manejo del ganado ante eventuales reducciones en la disponibilidad de agua.
El informe agrega que es fundamental que las comunidades monitoreen los caudales de los ríos y gestionen reservas de agua, ya que los efectos de El Niño pueden diferir entre regiones y a lo largo del tiempo.
La Prensa concluye que Nicaragua enfrenta la llegada de El Niño con expectativas menos alarmantes que en otros países de la región, aunque sin perder de vista la necesidad de preparación y vigilancia ante posibles variaciones climáticas que puedan afectar a la población y los sistemas productivos.