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España suspende en PISA y la economía puede pagar la factura: menos productividad y más riesgo para el crecimiento

Los malos resultados educativos no se quedan en las aulas. El deterioro de las competencias que los estudiantes adquieren durante su etapa escolar puede tener consecuencias sobre el mercado laboral...

España suspende en PISA y la economía puede pagar la factura: menos productividad y más riesgo para el crecimiento

Los malos resultados educativos no se quedan en las aulas. El deterioro de las competencias que los estudiantes adquieren durante su etapa escolar puede tener consecuencias sobre el mercado laboral...

Los malos resultados educativos no se quedan en las aulas. El deterioro de las competencias que los estudiantes adquieren durante su etapa escolar puede tener consecuencias sobre el mercado laboral, la productividad y el crecimiento económico de un país. De ahí la importancia de los resultados del informe PISA 2025, que evalúa las competencias en ciencias, lectura y matemáticas de los alumnos de 15 años de 90 países. Un examen del que España no ha salido bien parada y sus malos resultados han encendido las alarmas sobre el impacto que las carencias educativas pueden tener en el futuro de la economía del país.

El informe concluye que la mitad de los alumnos españoles de entre 15 y 16 años tiene un nivel bajo en ciencias y solo el 28% alcanza el nivel mínimo de competencias para enfrentarse a la vida cotidiana y a su futuro laboral. Los malos resultados no se quedan ahí: el rendimiento en lectura y matemáticas se ha deteriorado.

Este deterioro plantea una cuestión que va mucho más allá de las notas escolares, ya que puede afectar negativamente a las capacidades de los trabajadores que llegarán al mercado laboral durante las próximas décadas. Los estudios de los investigadores Eric Hanushek y Ludger Woessmann han demostrado la correlación a largo plazo entre las competencias cognitivas de la población y el crecimiento económico.

Este mecanismo funciona por dos vías. La primera afecta a la mayoría de los estudiantes y establece que disponer de una base sólida de competencias condiciona la empleabilidad, la capacidad para adoptar nuevas tecnologías y, en última instancia, la productividad media. Así, en una economía cada vez más digitalizada, una población con mayores dificultades para comprender información, resolver problemas matemáticos o adaptarse a nuevas herramientas puede encontrar más obstáculos para aprovechar los avances tecnológicos.

La educación como motor de productividad

La segunda vía afecta a los alumnos con mejores resultados y con mayor potencial para desarrollar nuevas ideas, impulsar proyectos empresariales o trabajar en ámbitos vinculados a la investigación y la tecnología. En este grupo, las competencias tienen una relación especialmente estrecha con la capacidad de innovación de una economía.

Otra de las conclusiones a las que han llegado los expertos es que la proporción de alumnos brillantes presenta una correlación más fuerte con el crecimiento a largo plazo que el mero porcentaje de la población que alcanza un nivel mínimo de competencias. El problema, por tanto, no consiste únicamente en evitar que los estudiantes se queden atrás, sino también en preservar el talento capaz de elevar la frontera tecnológica y productiva.

En este contexto, el informe PISA 2025 deja al menos un dato positivo a juicio de Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier: “La buena noticia reside en el hecho de que el porcentaje de alumnos brillantes no ha variado mucho con respecto al informe anterior”, señala.

Sin embargo, reconoce que la caída de algunas competencias ha sido manifiesta, sobre todo en lo que respecta a la comprensión escrita. Este dato preocupa a los expertos porque afecta a habilidades cada vez más relevantes para desenvolverse en una economía dominada por la información y la inteligencia artificial.

Distinguir la información veraz y tener espíritu crítico

La OCDE pone el foco en algunas de las capacidades que más importan en este nuevo escenario: la evaluación de la información, la capacidad para establecer vínculos entre varias fuentes y el espíritu crítico. No se trata únicamente de saber leer o memorizar contenidos, sino de distinguir información fiable, relacionar datos y extraer conclusiones propias.

En este sentido, el riesgo económico es doble. Por un lado, el deterioro de estas capacidades puede traducirse en un “descenso de la empleabilidad y de la productividad media de la población, más aún si cabe si las competencias que se deterioran son las que le permitirían ser complementaria a la IA, y no reemplazable por ella”, apunta Artaz.

Por otro lado, si el deterioro alcanza también a los estudiantes con mejores resultados, podría reducirse con el tiempo la proporción de jóvenes con capacidades suficientes para impulsar la innovación, la investigación y el emprendimiento tecnológico, subraya el experto. Esta es una cuestión especialmente relevante para la economía española, que necesita elevar su productividad para sostener el crecimiento y competir en un entorno cada vez más tecnológico.

PISA no es una sentencia sobre el futuro

El diagnóstico sobre los resultados de PISA 2025 y su influencia futura en la economía española exige cautela, ya que el informe solo mide una parte del capital humano y, por lo tanto, no puede utilizarse como una vara para medir de forma completa la productividad futura, señala Enguerrand Artaz.

Incide en que “el estado de las competencias que se mide a la edad de 15 años no es inamovible y puede mejorarse durante los años posteriores y durante la formación profesional”. Además, reconoce que el rendimiento académico no puede abordarse exclusivamente desde un ángulo social: “Su impacto económico a largo plazo es real y las tendencias recientes en numerosos países exigen una concienciación urgente”.

Fuente: https://www.infobae.com/espana/2026/09/15/espana-suspende-en-pisa-y-la-economia-puede-pagar-la-factura-menos-productividad-y-mas-riesgo-para-el-crecimiento/

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