¿Estamos ante la ‘caída de los influencers’? Lo que dicen los números sobre el hartazgo hacia la ‘aristocracia’ del siglo XXI
Entre las muchas burbujas de las que se lleva años hablando no solo están la de la vivienda o la de los festivales: también está la de los influencers. Lejos queda aquella época en la que crea...
Entre las muchas burbujas de las que se lleva años hablando no solo están la de la vivienda o la de los festivales: también está la de los influencers. Lejos queda aquella época en la que creadoras como Dulceida (Aida Domenech) o Lovely Pepa (Alexandra Pereira) abrían sus modestos canales de YouTube, blogs o perfiles de Fotolog para compartir sus outfits, donde, sin saberlo, estaban poniendo en España las primeras piedras de una industria que acabaría moviendo (y pagando) millones. Aupada por el crecimiento de las redes sociales, la inversión de las marcas y una legión de seguidores, la profesión de influencer se ha convertido en la última década —y especialmente después de la pandemia, con el impulso de TikTok— en una aspiración para miles de jóvenes.
Lo que puede ser, o no, el principio del pinchazo, ha venido de la mano de Carliyo el Nervio. Carlos García publicó el pasado 12 de septiembre un vídeo donde afirmaba que el eclipse total de Sol era una “cortina de humo histórica”. “Hay problemas por todos lados. Estamos viviendo una cortina de humo y todo el mundo está cayendo. ¿A quién mierda le importa el eclipse? A nadie. Entonces, los de arriba han dicho: ‘Oye, ¿qué os parece si estamos una semanita, en vez de hablar de tantos problemas, pues vamos a hablar de un eclipse de mierda", dijo en el vídeo para sus más de 1,7 millones de seguidores en TikTok y más de 695.000 en Instagram.
A raíz de esto y de la contestación de su mujer, la también influencer Natalia Palacios, la polémica terminó de estallar. En un vídeo grabado desde su coche, la creadora respondió visiblemente alterada a las críticas recibidas después de que varios usuarios criticaran que García se fuera a Estados Unidos durante un mes para seguir el Mundial de fútbol. “Una pregunta: ¿habéis terminado ya de poner a una embarazada al nivel de una inútil de manual? (...) Ese mismo mes que se ha ido a Estados Unidos, yo he estado en Nueva York grabando mi programa de Perfectos desconocidos; en Miami, en Bahamas, en Seattle. Han pasado dos meses, estoy de viaje en Portugal, sigo trabajando", dijo, enumerando todos los lugares donde ha viajado recientemente.
Esto, sumado a los comentarios de Fabiana Sevillano, quien criticó que solo había tenido “un mes de vacaciones”, a diferencia de “todo el mundo, que tiene tres”, o de Abril Cols, quien en 2024 publicó un vídeo donde se quejaba de que “no había salido de Andorra en todo el verano”, terminó por alimentar una conversación que iba mucho más allá de Carliyo y Palacios. “He salido para trabajar un fin de semana en París con mi hermano, me fui cinco días a Ibiza, pero ya”, decía entonces. Así comenzó una espiral de análisis y debate por parte de otros creadores de contenido divulgativo: ¿es este el fin de los influencers?
“Hay influencers e influencers”, comienza en un vídeo publicado en TikTok David Andújar, quien asegura que no se estaría produciendo un rechazo a la creación de contenido en sí misma, sino a una determinada forma de ejercerla. Por un lado, sitúa a quienes elaboran contenido “divulgativo, social, humor, entretenimiento, gossip, pero con un trabajo real detrás”; por otro, al “influencer por influencer”, aquel cuyo contenido gira esencialmente alrededor de su propia vida. “Son estas personas que si de repente mañana se cae Instagram, no sabrían decirte a qué se dedican”, ironiza. Andújar también apunta directamente a la desconexión entre el nivel de vida de algunos influencers y el discurso de cercanía que mantienen con sus seguidores. “Este discursito de todas estas personas de: ‘Soy como vosotros’, cobrando las barbaridades que cobran, pues también a la gente le está empezando a picar”, señala. “Tú puedes cobrar lo que sea y está muy bien y las marcas te pueden pagar lo que las marcas quieran. Ahora, no me vendas el: ‘Yo soy como tú, te hablo de igual a igual’, porque tú te estás yendo, cariño, a descansar dos meses a Punta Cana”.
Una lectura parecida hace Nosoloviernes, que rechaza hablar de un final de los influencers. “Yo no creo que llegue la caída de los influencers. Creo que va a llegar, está llegando el deterioro” de un tipo de contenido que define como “la vida no va conmigo”. “Tú estás en Cerdanyola del Vallès y yo es la tercera vez que vengo a Bali este año”, ejemplifica. “Una vez ya nos has enseñado Bali por tercera vez. Chica, la cuarta estamos hasta aquí”. “Toda la gente llega un momento que se ha hartado”, sostiene antes de recordar que buena parte de estas cuentas de lifestyle fueron seguidas inicialmente por “adolescentes, preadolescentes” que ahora son adultos: “Esta gente ha crecido”. “Yo voy camino a los veinticinco, tengo problemas para pagar la vivienda y estoy yo aquí viendo cómo esta chica, este chico, se está comprando su casa por tercera vez”, pone como ejemplo de esa nueva percepción.
Adriana Hest pone directamente el foco en la brecha económica entre los creadores y quienes consumen su contenido. “El problema no son los influencers. El problema ha sido siempre el declive de la conciencia de clase”, sostiene. Para la creadora, “muchos influencers, que no todos, han convertido el aspiracionismo del sistema en un negocio”. “El problema llega con la deslealtad. Rompen ese sueño aspiracional con la ingratitud”. Y lo ejemplifica con situaciones como “estar currando ocho horas con una jornada partida” y encontrarse después con un vídeo de alguien que se queja de “haber tenido que trabajar de vacaciones”. “El problema es la desconexión de clase”, concluye.
Lo que dicen los números sobre “la caída de los ‘influencers’”Pero más allá de la conversación generada en redes, ¿se está traduciendo realmente este hartazgo en una pérdida de seguidores?
Las cifras muestran descensos, aunque muy diferentes dependiendo del perfil. Según Social Blade, el epicentro de la polémica Carilyo El Nervio, habría perdido 22.000 seguidores en los últimos 14 días en Instagram (a fecha actual tiene 686.500), mientras que la cifra de Palacios habría descendido en 39.000, acumulando aún así 953.281 seguidores. “A ver, me parece que la gente mucho indignarse y mucho contestarle al vídeo, pero poco darle al unfollow”, ha comentado en un video de la usuaria Lorena Macías (Hazmeunafotoasí), haciendo referencia a la polémica surgida a raíz del eclipse.
La sangría también habría alcanzado a creadores que no protagonizaron el episodio que desencadenó esta última oleada de críticas. Fabiana Sevillano había perdido más de 27.000 seguidores en la app de Meta en estas últimas dos semanas (actualmente supera los 1,1 millones); Lola Lolita, 11.000 (teniendo más de 4 millones de seguidores);María Pombo, unos 7.100; y Natalia Osona, más de 2.900, según las cifras recogidas en el mismo análisis.
El caso más acusado es el de Roro, que, según los datos recopilados por la herramienta, había perdido 87.000 seguidores en Instagram en los últimos 14 días y 400.000 en TikTok. Su caso es diferente al resto porque a comienzos de mes la creadora de contenido Galitaari, la acusó de copiar su estilo de contenido y hacerle “la vida imposible” durante años.