Kaliningrado, el último bastión de Rusia que resiste en el corazón de Europa y desde el que amenaza con ataques contra la OTAN
Este miércoles, varias embajadas de Rusia lanzaron un ...
Este miércoles, varias embajadas de Rusia lanzaron un comunicado, adelantado por Reuters, que ha elevado el miedo a un ataque contra Europa. “Rusia estaría dispuesta a usar todo su arsenal, incluidas las armas nucleares, para defender su territorio si los países de la OTAN intentan aislar la región de Kaliningrado del resto del país. En tal escenario, el riesgo de un enfrentamiento armado es alto, con la probabilidad de que Rusia realice ataques preventivos contra centros de toma de decisiones en los países de la Alianza ya en la fase inicial del conflicto”, recita el escrito.
Pone una situación hipotética en la que existe una amenaza desde la Alianza Atlántica, pero la mención a estar dispuestos a atacar a Europa ya es un importante paso adelante. La OTAN no tardó en responder. El secretario general, Mark Rutte, ha asegurado que “Putin sabe que nunca podrá vencer”, mientras que, según adelantaba la agencia de noticias, la Alianza comunicó a Moscú que sus actuaciones no suponen ninguna amenaza contra Rusia. La OTAN vigila Kaliningrado desde hace años. El Kremlin controla este enclave desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La disposición de bandos internacionales con la Guerra Fría de por medio convirtió esta zona en los ojos y brazos de Rusia dentro de sus rivales europeos.
Historia y evolución del último bastión ruso en EuropaTras la derrota de la Alemania nazi en 1945, el antiguo territorio de Prusia Oriental fue repartido entre Polonia y la Unión Soviética. La conferencia de Potsdam formalizó esa división. Parte del territorio de la URSS se unió a lo que más adelante sería Lituania. En ese proceso, la ciudad de Kaliningrado y los territorios cercanos quedaron bajo administración de Moscú. Desde entonces, ocupa una posición central en su estrategia militar y política. Este territorio albergue la Flota rusa del Báltico y Moscú lo considere un punto de apoyo para proyectar fuerzas en una región dominada por OTAN. La relevancia del enclave aumentó después de la disolución de la Unión Soviética.
La incorporación de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania a la Unión Europea dejó a Kaliningrado separado del resto de Rusia y rodeado por países europeos. Su ubicación ofrece ventajas evidentes por su salida al Báltico y capacidad de vigilar -o atacar- a sus rivales, pero también cuenta con una fragilidad logística. Las conexiones terrestres y ferroviarias con Rusia atraviesan Lituania y Polonia. El acceso marítimo, a su vez, depende de la ruta que cruza el golfo de Finlandia. Por tanto, su abastecimiento es complejo por las sanciones y controles europeos. Desde que invadió Ucrania en 2022, los países bálticos han insistido en limitar el transporte hacia el enclave.
Según las Directrices sobre Tránsito de la Comisión Europea, de 2022, no existe una prohibición para el transporte ferroviario de mercancías desde Rusia a Kaliningrado. Bruselas aclara que las sanciones prohíben el tránsito por carretera, pero permiten los trenes civiles y de mercancías si se controlan los “flujos inusuales” para evitar el contrabando. El material militar sigue bajo veto absoluto, pero Rusia ha encontrado rutas alternativas, como los aviones que esquivan el espacio europeo volando encajonados sobre el golfo de Finlandia o los transbordadores ferroviarios marítimos que mueven blindados y misiles pesados por aguas internacionales desde el puerto ruso de Ust-Luga. Estos últimos son enormes buques con carriles preparados para el transporte.