La curiosa historia del pueblo con casas invertidas, un barrio obrero catalán y calles sin nombre
Fue fundado en 1907, cuando todo giraba en torno al ubicuo ferrocarril y el ir y venir de las cosechas y los peones golondrina. Fue trazado –a gran escala, como quien piensa una futura ciudad de ...
Fue fundado en 1907, cuando todo giraba en torno al ubicuo ferrocarril y el ir y venir de las cosechas y los peones golondrina. Fue trazado –a gran escala, como quien piensa una futura ciudad de provincias– por el ingeniero Jorge Mayol, uno de los ocho hijos de los dueños de estas vastas extensiones: Felipe Mayol de Senillosa y María Luisa Crámer Lezica.
La particularidad de la urbanización de este pueblo es que las viviendas fueron construidas pegadas entre sí y de dos plantas, habiendo tanto campo alrededor. Se destaca el conjunto de la “Esquina Catalana”: siete casas erigidas en cuidada hilera sobre la calle principal de este pueblo donde ninguna arteria tiene nombre. Están inspiradas en las casas obreras catalanas: los Mayol venían de Mataró, en la provincia de Barcelona, y, a pesar de que fueron terratenientes en la pampa húmeda, mantuvieron estrecha relación con Europa: veraneaban en Biarritz (Luis Felipe Mayol Crámer nació allí, y falleció en el hundimiento del Principessa Mafalda en 1927), y Arsinda Mayol Crámer se casó con otro catalán, Francisco Masferrer.
Masferrer era oriundo de Vic, en Cataluña, y fue responsable, junto con Arsinda, del aspecto que fue configurándose al darle forma a las casas catalanas. Ciertos detalles, compatibles con ese estilo, son los balcones con detalles en hierro forjado, los portones de madera con diferentes terminaciones (en forma de trapecio o hexagonales); además del gran arco que conducía al patio común. Recién en 1936, después de concluir esas edificaciones, Paco y Arsinda construyeron el casco de la estancia donde iban a vivir, y la llamaron Ma Llar, que significa ‘mi hogar’ en catalán, de porte más aristocrático, pero tampoco excesivamente ostentosa.
Otro sector que llama la atención es el bloque de tres propiedades con un gran patio de uso común al que llaman “casas inversas” porque su orientación original es contraria a la actual. Fueron bautizadas así porque al ceder sus propietarios una parte de ese patio para diseñar la calle por donde pasaría el tendido eléctrico, los contrafrentes pasaron a ser las fachadas.
Apogeo, abandono y resurrecciónDon Felipe Mayol había comprado, hacia 1895, unas 24.000 hectáreas en el partido de Tres Arroyos. Él donó los terrenos para la estación de ferrocarril. Al morir Felipe, en 1926, su viuda mandó a construir la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, proyectada también por Jorge Mayol e inaugurada en 1933. Tiene una imagen traída de Francia que es honrada con una fiesta el día del santo patrono, el 11 de mayo. Por su valor patrimonial fue declarada edificio histórico según la ordenanza municipal 5892/08, y actualmente pertenece a la diócesis de Bahía Blanca; y depende de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Tres Arroyos.
Desde el año 1923 tuvo fundamental importancia la firma Tavelli Hermanos. Era un comercio cuya principal actividad era el acopio de cereales, aunque contaba con almacén, ferretería, corralón, carnicería, peluquería, bar e incluso hotel. No fue el único, ya que también existió el hotel San Mayol, construido por Jorge.
En efecto, el pueblo fue creciendo poco a poco. En 1932 se firmó el acta constitutiva de la Cooperativa Agrícola Limitada San Mayol que funcionó hasta entrada la década del ’90, ya que en 1987 fue absorbida por la Cooperativa Agraria de Tres Arroyos Ltda.
El tren dejó de pasar en la década de 1980, y con él cesaron las actividades el almacén primero, y el acopio de cereales más tarde.
Los nietos de Jorge, entre otros descendientes, pasaron parte de la infancia en el pueblo y lo visitan con relativa frecuencia, pero no son parientes de sangre los escasos pobladores estables. Hacia 2012, Javier Campo Kihn, Carolina Goicochea y Ezequiel Lanza i Altisent, junto con varios miembros de la comunidad, presentaron un plan de desarrollo turístico. Uno de los proyectos incluidos era la creación de un museo histórico, que quedó a cargo del Club 1º de Octubre, que para entonces estaba en formación. Hoy está abierto al público y es parte de los recorridos guiados.
En 2015, Ezequiel quedó al frente de Espardenya, una asociación cuyo nombre significa “alpargata” en catalán, y hace alusión a la propuesta turística de visitar el pueblo a pie. “Los habitantes siguen rondando los 50 o 60, pero ya contamos con la posibilidad de organizar jornadas completas, con servicio de comida y alojamiento”, dice.
Espardenya (2983) 51-1146