Las células que protegen el cerebro pueden acelerar el deterioro cognitivo en la vejez, de acuerdo con un estudio
Las células cerebrales oligodendrocitos que forman la ...
Las células cerebrales oligodendrocitos que forman la mielina —el recubrimiento protector que permite a las señales eléctricas viajar con rapidez por el cerebro— pueden impulsar el deterioro cognitivo con el envejecimiento, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Edimburgo y la Universidad de Northwestern que vincula su mal funcionamiento con cambios en las fibras nerviosas y abre una posible vía para tratamientos dirigidos a preservar la capacidad mental en la vejez, informó el portal especializado en salud y ciencia Medical Xpress.
La investigación, publicada en la revista científica Nature Medicine, encontró que esos cambios no responden a la capacidad cognitiva en un momento puntual, sino a la velocidad a la que avanza el deterioro.
Georgina Craig, primera autora del estudio e investigadora posdoctoral en St. Michael’s Hospital de Toronto, parte de Unity Health Toronto, y en el Instituto de Investigación de Demencia del Reino Unido de la Universidad de Edimburgo, sostuvo que el trabajo cambió de manera profunda la manera de entender estas células cerebrales en la vejez. “Siempre hemos considerado a los oligodendrocitos como puramente beneficiosos, pero aquí encontramos de forma sorprendente que pueden volverse disfuncionales y contribuir al deterioro cognitivo en el envejecimiento”, precisó.
Daño cerebral y velocidad del deterioro cognitivoEl equipo analizó primero tejido cerebral de la Lothian Birth Cohort 1936, un estudio longitudinal escocés que siguió a sus participantes desde la infancia hasta la vejez. Los investigadores midieron el desempeño entre los 70 y los 82 años con pruebas de memoria, velocidad de procesamiento y habilidades espaciales.
De los 1.091 participantes de la cohorte, 866 tuvieron evaluaciones cognitivas de seguimiento después de los 70 años. Casi todos mostraron algún grado de deterioro, lo que permitió comparar cambios cerebrales entre quienes empeoraron más rápido o más lento que el promedio.
Al examinar directamente tejido cerebral de donantes fallecidos de un subgrupo, los científicos hallaron que los casos con declive más marcado compartían dos rasgos: menos fibras nerviosas grandes y una acumulación excesiva de mielina alterada, sobre todo alrededor de las fibras de mayor tamaño que aún permanecían. La asociación apareció ligada al ritmo del deterioro y no a un nivel fijo de capacidad intelectual.
NRF2 reducido alteró mielina y rendimiento en ratonesEn una segunda etapa, los investigadores detectaron que las personas con mayor deterioro cognitivo tenían niveles reducidos de NRF2 en los oligodendrocitos. Esa proteína regula cientos de genes relacionados con la protección celular frente al daño y con el mantenimiento de funciones saludables dentro de la célula.
Los experimentos con ratones mostraron que la reducción específica de NRF2 en los oligodendrocitos reprodujo en animales los mismos rasgos observados en humanos: exceso de mielina, disminución de las fibras nerviosas de gran calibre y atenuación de las mejoras cognitivas propias del envejecimiento, lo que convierte a estas células en agentes activos del deterioro cuando pierden esa regulación.
Ese hallazgo tiene una consecuencia práctica porque la vía de NRF2 ya es blanco de fármacos existentes, entre ellos uno usado para tratar la esclerosis múltiple. Estudios previos habían mostrado que activar esa vía puede mejorar la función cognitiva en personas con esa enfermedad, lo que plantea la posibilidad de reutilizar tratamientos ya disponibles para actuar sobre la disfunción de oligodendrocitos en la vejez.
Veronique Miron, investigadora sénior no clínica del Medical Research Council (MRC) y jefa de grupo del Instituto de Investigación de Demencia del Reino Unido y en St. Michael’s Hospital, señaló que el aumento de la prevalencia del deterioro cognitivo en una población que envejece y la ausencia actual de tratamientos vuelven especialmente relevante esta línea de trabajo. “Nos entusiasma este trabajo porque señala una posible estrategia para nuevas terapias destinadas a preservar la capacidad cognitiva durante el envejecimiento”, afirmó.