Llega a plataformas ‘Backrooms’, una de las películas de terror del año: un fenómeno viral convertido en título de culto
Desembarca en plataformas uno de los mayores éxitos de terror del año,...
Desembarca en plataformas uno de los mayores éxitos de terror del año, Backrooms, la ópera prima de Kane Parsons, una expansión de su antología viral de YouTube que transforma los miedos existenciales en un laberinto físico y mental.
En su primera semana de estreno en España, Backrooms recaudó 1,6 millones de euros, situándose entre los títulos de terror más comentados del año junto a Obsession. La película convierte una idea nacida en Internet en un relato ambientado en los años noventa, articulado como una pesadilla física y existencial.
Kane Parsons tiene 20 años y procede de YouTube, donde publicó una serie de cortometrajes que acumuló millones de visualizaciones. Aquella antología contenía el germen de un universo que el largometraje amplía con una mitología propia.
El filme se integra en una generación de autores jóvenes que busca alterar las reglas del terror convencional y vincularlas a las inquietudes contemporáneas. En ese relevo aparecen nombres como Osgood Perkins, director de Longlegs; Zack Cregger, ligado a Weapons y la reciente Resident Evil, y los hermanos Philippou.
Qué cuenta ‘Backrooms’La historia sigue a Clark, un arquitecto fracasado interpretado por Chiwetel Ejiofor. Separado de su mujer por sus problemas con el alcohol, dirige una tienda de muebles de descuento.
El otro personaje central es Mary, la terapeuta de Clark, a la que da vida Renate Reinsve. Ella arrastra los traumas de una infancia marcada por la convivencia con una madre con problemas de salud mental.
La realidad del relato se quiebra cuando Clark descubre una pared atravesable en el sótano de su negocio. Al otro lado se abre una versión deformada de la tienda, un espacio situado entre una sala de escape y un estado mental de pesadilla.
Ese portal conduce a un universo donde la lógica deja de funcionar y el escenario opera a la vez como un laberinto material y como un descenso hacia los monstruos que habitan la mente. El concepto de “backroom” se presenta como la entrada a callejones sin salida poblados por los engendros creados por la propia cabeza.
Esa construcción aparece como una experiencia en la que la amenaza procede tanto de lo que se ve en pantalla como de lo que queda fuera de campo. Cada puerta, pasillo o trampilla mantiene la incertidumbre sobre lo que puede haber detrás, con una dinámica comparable a un tren de la bruja llevado al extremo.
Una experiencia sensorialParsons combina el metraje encontrado, los planos subjetivos, el ‘creepypasta’ —las leyendas urbanas difundidas por Internet— y el terror liminal. La suma de esos recursos busca sostener una sensación de asfixia y pánico, sin ofrecer al espectador certezas sobre las reglas de ese mundo.
La película prioriza el clima y la atmósfera frente a las explicaciones cerradas. Su simbología queda abierta a interpretaciones que pueden recorrer desde las teorías conspirativas hasta la salud mental y la apatía existencial.
Esa tensión entre la estructura narrativa y la experiencia sensorial explica, para el medio, el magnetismo de la propuesta. El terror adopta una forma conceptual y abstracta, pero también corporal, y convierte el laberinto en una amenaza concreta para los personajes.
El entusiasmo que acompañaba a Backrooms desde su estreno en Estados Unidos le ha otorgado casi de inmediato la condición de película de culto. La película se apoya en una propuesta impredecible, opresiva y perturbadora que evita sobreexplicar su propia mitología.