Los campesinos del sur de Honduras que perdieron sus cosechas y ahora no tienen ni trabajo ni comida
Durante meses esperaron una lluvia que nunca llegó. Primero se secaron los cultivos. Después dejaron de producir los pozos. Y cuando la cosecha desapareció, también desapareció el trabajo....
Durante meses esperaron una lluvia que nunca llegó. Primero se secaron los cultivos. Después dejaron de producir los pozos. Y cuando la cosecha desapareció, también desapareció el trabajo.
En la comunidad de Calpulles, en el sur de Honduras, los campesinos miran sus parcelas sin saber cuándo podrán volver a sembrar. El maíz y el frijol que representaban alimento e ingresos se perdieron bajo una sequía que, según los productores, ya lleva seis meses.
“Ya perdido. Todo se ha perdido”, dice Ángel Herrera, productor de la comunidad, al describir lo que ocurrió con sus cultivos. Ese es el escenario que Infobae encontró durante su recorrido por Calpulles, Choluteca, donde los productores muestran terrenos en los que ya no queda rastro de la cosecha que esperaban levantar.
La emergencia se siente también fuera de las parcelas. Sin producción, las oportunidades de trabajo se reducen y las familias deben enfrentar el costo de los alimentos sin contar con los ingresos que normalmente obtenían del campo.
“No hay trabajo, hermano. No hay trabajo”, repite Víctor Manuel Bonilla, otro de los productores entrevistados durante el recorrido.
La cosecha que nunca llegóLos agricultores de Calpulles cultivan principalmente maíz y frijol, además de productos como chile y pipián. Pero esta temporada, las plantas no llegaron a convertirse en cosecha.
Herrera asegura que la producción se perdió por completo. La falta de lluvia hizo imposible sostener los cultivos y dejó a los agricultores sin los alimentos que esperaban obtener de sus parcelas y sin los ingresos que les habría generado la venta de parte de la producción.
Para quienes viven de la agricultura, perder una cosecha significa perder mucho más que el resultado de varios meses de trabajo: quedarse sin dinero para comprar alimentos, pagar gastos del hogar o volver a sembrar.
“Estamos preocupados. Estamos estancados. No tenemos ayuda. No tenemos nada”, señala Herrera.
El productor pide asistencia para los campesinos de la comunidad, donde la falta de lluvia ya se convirtió en una crisis que afecta directamente la economía de las familias.
Unos 150 productores afectadosBonilla calcula que alrededor de 150 productores han sido afectados por la sequía solo en esta comunidad.
La cifra adquiere mayor dimensión al considerar el tamaño de Calpules. De acuerdo con los productores, allí existen aproximadamente 90 viviendas, con familias que pueden estar integradas por cinco, seis, siete u ocho personas.
La pérdida de las cosechas no queda limitada a quienes trabajan directamente la tierra. También afecta a los hogares que dependen de esos ingresos y a las actividades económicas que se mueven alrededor de la producción agrícola.
Durante el recorrido, Infobae conversó con productores que describieron cómo una temporada agrícola perdida comenzó a convertirse en una crisis de ingresos y alimentos para sus familias.
La agricultura es una de las principales fuentes de sustento para los habitantes de la comunidad. Cuando los cultivos desaparecen, también se reducen las oportunidades de empleo temporal que normalmente genera el campo.
Bonilla insiste en que actualmente “no hay trabajo”. La situación obliga a las familias a comprar alimentos que antes podían obtener de sus propias parcelas, justo cuando tienen menos dinero disponible.
El productor explica que el costo de la vida también se ha convertido en una preocupación. El maíz, uno de los alimentos básicos de las familias de la zona, debe comprarse a precios que resultan cada vez más difíciles de asumir para hogares que perdieron sus ingresos agrícolas.
La paradoja es evidente: los campesinos que sembraban para comer y vender ahora tienen que comprar alimentos después de haber perdido la cosecha que debía sostenerlos.
Los pozos también se secaronHerrera asegura que llevan aproximadamente seis meses enfrentando la sequía, sin las precipitaciones necesarias para sostener los cultivos ni recuperar las fuentes de agua.
El tiempo transcurrido explica por qué los productores ya no hablan de una simple mala temporada. La preocupación es que la falta de lluvia comprometa los siguientes ciclos agrícolas. Aunque las precipitaciones regresen, los campesinos necesitarán semillas, recursos y condiciones adecuadas para volver a sembrar. Y después deberán esperar el tiempo necesario para levantar una cosecha.
La crisis agrícola está acompañada por una reducción de las fuentes de agua. Durante el recorrido, los productores señalaron pozos que dejaron de tener agua y describieron las dificultades que enfrenta la comunidad para abastecerse.
La pérdida de esas fuentes agrava la situación porque afecta simultáneamente el consumo de las familias y la posibilidad de recuperar la actividad agrícola. Sin agua no hay forma de sostener los cultivos ni de garantizar que una nueva siembra pueda sobrevivir.
El problema no termina, por tanto, con las pérdidas de esta temporada. Los productores necesitan que las fuentes de agua se recuperen para poder pensar en volver a trabajar la tierra.
Seis meses de sequía bastaron para borrar meses de trabajo. Ahora los campesinos de Calpulles no miran sus parcelas pensando en lo que perdieron, sino enlo que necesitarán para volver asembrar.La tierra puede esperar la lluvia; las familias, en cambio, no pueden esperar para volvera vivir de ella.