¿Messi sionista? Las teorías más delirantes sobre el éxito argentino
Ahora dicen que si el juez no amonestaba equivocadamente a Paredes, no hubiera ocurrido ...
Ahora dicen que si el juez no amonestaba equivocadamente a Paredes, no hubiera ocurrido la expulsión de Embolo, y que eso favoreció indebidamente a la Argentina ante Suiza. Antes dijeron que nos daban más penales que a nadie, que no sancionaron a Messi cuando debían haberlo hecho, que le anularon goles lícitos a los contrarios, que organizaron todo para que la llave de la selección sea facilísima. Hay una corriente fuerte contra la Argentina en redes y programas deportivos que se vale de todo. Y entre todas las cosas que se dicen, hay una teoría más disparatada que todas las demás: sostiene que Messi es sionista y que eso inclina a la FIFA a su favor. Explorarla es fascinante para entender cómo puede elaborarse cualquier teoría conspirativa, por disparatada que sea, y cómo ese mecanismo es adoptado e influye sobre muchas personas. Porque si ese disparate es creíble, todo puede serlo.
Es lógico que nadie en la Argentina conozca al imán Sallar Rasoul porque su trabajo se despliega en el mundo musulmán angloparlante. Es un canadiense muy culto que difunde el islam a través de las redes sociales. El miércoles pasado, Sallar Rasoul fue protagonista de un curioso diálogo.
—¿Es pecado (haram) hinchar por Messi, dado que Messi es sionista y la Argentina es un país racista?—, le preguntó un seguidor.
Por obvias razones, era esperable una respuesta que arrancara con la aclaración de que Messi no tiene nada que ver, no tuvo nada que ver, no tendrá nada que ver con el sionismo, más allá de si eso fuera malo, bueno o neutro. Simplemente, no hay relación entre una cosa y la otra. Parece tan obvio, tan ridículo sostener lo contrario. ¿A quién podría ocurrírsele semejante idea? Pero el imán Rasoul no negó que Messi fuera sionista.
—Primero que nada, no sé si Messi es sionista. Eso es debatible. En todo caso, ustedes pueden debatirlo en los comentarios—, arrancó.
¿Debatible? ¿Qué Messi es sionista es debatible?
Luego argumentó: “Una cosa es segura: él se ha mantenido en silencio frente a la opresión y el genocidio. Y el profeta, alabado sea él, dijo: ‘Aquel que se mantenga en silencio frente a la verdad es un demonio silencioso’. Desafortunadamente hay muchos de esos, no solo él. Pero más allá de eso, ustedes son fans de Messi como jugador, por sus logros, no por sus convicciones. Así que está bien. Lo mismo respecto de la Argentina, más allá de que el país sea racista o lo que fuera, ustedes son fans de un equipo de fútbol”.
El posteo del imán terminó con un grito:“¡¡¡FIFA al kabitha!!!”O sea:“¡¡¡FIFA corrupta!!!”.
El magnífico espectáculo que constituye un mundial de fútbol, las esperanzas y frustraciones que provoca, las pasiones que desata y la belleza que transmite, ha sido en estas semanas además un territorio fértil para las batallas culturales, las reinvidicaciones nacionales y políticas, los arrebatos trumpistas y, además, para las teorías conspirativas. Una teoría conspirativa, báiscamente, cumple la función de atribuir una desgracia propia a la existencia de poderes oscuros que conspiran para provocarla.
En tiempos de redes sociales, ese mecanismo está disparado al infinito. La pandemia, las cíclicas crisis económicas de un país, los escándalos que rodean a un gobierno, la derrota de un equipo de fútbol, la enfermedad mortal de un presidente, un resultado electoral, una catástrofe natural, un fallo judicial adverso pueden ser analizados por medio de criterios racionales que incluyen, claro, la existencia de intereses que presionan en un sentido o en otro. O, en cambio, pueden ser atribuidos a la presencia de fuerzas que, desde la oscuridad, definen el destino de las cosas y a las que, por tanto, hay que combatir. Las fuerzas del mal pueden ser los banqueros, los kirchneristas, los medios de comunicación, los judíos, los inmigrantes, el imperialismo yanqui, los comunistas, los capitales árabes o, muchas veces, una combinación de todos ellos.
El primer indicio que tuve respecto de que Messi era sionista fue el martes por la tarde, después del partido con Egipto. Mi algoritmo de Instagram, que suele ser insistente cuando un tema me interesa, empezó a ofrecerme testimonios tomados en las calles de El Cairo. Decenas de personas sostenían que les habían robado el partido, lo que era comprensible por la calentura. Pero dos de ellas, además, gritaban: “¡¡Messi, Mossad!!¡¡Messi, Mossad!!”. Primero me dio risa. Pero luego un colega me dijo: “Poné “Messi, Mossad” o “Messi, sionismo” en el buscador a ver qué pasa”. Lo hice. Y ahí me apareció todo. Cientos de posteos que difundían la idea disparatada de que Messi es sionista, hasta caricaturas que lo pintaban como un rabino. Entre todo eso, el posteo del iman Sallar Rasoul. Entonces me dio ganas de entender cómo llegaban a justificar ese delirio, cómo funcionaba el corazón de esta teoría conspirativa.
Los argumentos son los que siguen.
- La Fifa favorece a la Argentina. Le dieron seis penales en los últimos dos mundiales. No expulsaron a Messi luego del planchazo en el primer partido contra Argelia. Contra Egipto le regalaron un penal, le anularon un gol lícito a Egipto, le cobraron un gol ilícito a la Argentina (el tercero), que debió ser anulado porque en el comienzo de la jugada hubo dos penales cometidos por Julián Alvarez y por Alexis Mac Allister, que ni siquiera analizaron.
- Messi visitó dos veces el Estado de Israel.
- A diferencia de otros jugadores, como Cristiano Ronaldo, Messi no denunció los bombardeos contra la franja de Gaza.
- Messi estrechó su mano y se fotografió con Donald Trump, quien unos días antes había recibido el premio FIFA de la Paz de manos de Gianni Infantino.
- Javier Milei, el presidente del país donde nació Messi, se definió a sí mismo como el presidente “más sionista” del mundo.
- Por si fuera poco, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, dijo la semana pasada que hinchaba para que la Argentina fuera campeón del mundo.
Si uno junta todos estos datos, queda claro: hubo una conspiración sionista para que la Argentina le ganara a Egipto y llegara, ahora, después del triunfo ante Suiza, a la semifinal contra Inglaterra. Pero, como sucede con casi todas las teorías conspirativas, se desvanece si se agrega algo de contexto. Porque de eso se nutren: de interpretaciones sesgadas provenientes de recortes que eliminan todo lo que podría poner la teoría en juego. Así en el fútbol como en la política.
Para empezar, los hechos. Todas las objeciones a los fallos arbitrales del partido Argentina vs. Egipto son, como mínimo, discutibles. Montones de árbitros profesionales han explicado que el penal cobrado a la Argentina fue penal, que el gol anulado a Egipto tiene elementos discutibles –como tantos fallos que ocurren todo el tiempo—y que los penales que habría cometido Argentina no fueron penales. Pero, por fuera de esto, si te comiste tres goles lícitos en diez minutos, mejor no patalear porque, si la conspiración sionista existiera, hiciste mucho para favorecerla.
Está claro que para el técnico es más sencillo refugiarse en el odio a la FIFA que en su propia defección. Mucho más razonable estuvo Mo Salah, máxima estrella del fútbol egipcio, que explicó la derrota por un elemento muy evidente: “Tienen al mejor jugador de la historia. Es difícil ir contra eso”. Salah no es sionista: él sí habló de lo sucedido en Gaza.
Pero además, el planchazo de Messi tal vez merecía la expulsión, o al menos una amonestación, tanto como el planchazo de Hakimi contra Vinicius en la primera fecha de la fase de grupos, o como merecían ser amonestados muchos jugadores paraguayos por la violencia que aplicaron para resistir contra Francia. Los croatas se fueron disgustados del mundial por un fallo muy discutible de últimos minutos a favor de Portugal, lo mismo ocurrió con los senegaleses en el partido en que los eliminó Bélgica. Quienes protestan por el trámite que derivó de la expulsión de Embolo, ¿Qué dicen de los pisotones consecutivos que dejaron a Nico Gonzalez en el piso y por los cuales ni siquiera hubo una amonestación?
A la Argentina le dieron seis penales en los dos últimos mundiales, dos más que a Francia, pero con una diferencia central: de los 4 que le dieron a Francia, dos fueron durante la final contra la Argentina, en momentos definitorios. O sea: ¿cómo jugó la conspiración en ese caso? ¿A favor de quien? A la Argentina no le cobraron un penal luego de una mano clarísima de un jugador de Cabo Verde en un momento clave del partido y a Bélgica tampoco le cobraron una mano en el área de un jugador español. O sea, ni conspiración sionista ni no sionista: cosas del fútbol.
Lo mismo pasa cuando se recorre la trayectoria de Messi. Es cierto que fue a Israel dos veces, como muchos futbolistas. Es la máxima estrella del fútbol mundial: sus equipos hacen giras. Una de las veces fue a territorio palestino, además, junto con todos los jugadores del Barcelona. Además, durante un tiempo, fue embajador del controvertido régimen Saudí. Muchas más veces fue a Brasil, o a Italia, o a decenas de países, seguramente porque sus equipos o la selección jugaba partidos ahí.
No habló sobre los bombardeos de Gaza ni tampoco sobre el ataque del 7 de octubre, pero tampoco sobre la represión en Irán ni sobre el ataque contra Irán ni tiene posición pública sobre la legalización del aborto, la guerra en Siria, en Ucrania, la aplicación de inteligencia artificial, el RIGI o el SUPERRIGI. ¡Es que es un jugador de fútbol! ¡El mejor de la historia! ¿No será suficiente con eso?
Sea como fuere, ya somos semifinalistas. Sufriendo. Mucho. Pero ahí estamos. Pasamos raspando a Cabo Verde. Casi nos infartamos con Egipto. Ayer dejamos atrás a Suiza. Y ahora viene lo peor, lo más difícil. Así que, en el caso de que la conspiración a favor nuestro exista –sionista, árabe, comunista, libertaria, kirchnerista, tecno o lo que sea—solo resta pedirle a los conspiradores un poco de esfuerzo extra, algo de eficiencia, algo de piedad: nos hacen sufrir demasiado.
Para colmo, Donald Trump contó hace unos días que compartió un partido de golf con Harry Kane. Y el inglés dijo que Trump es un buen jugador.
Qué miedo. ¿Y si ahora la conspiración se da vuelta?