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¿Por qué dormimos peor cuando hace calor?

Con la llegada del verano, millones de personas comienzan a experimentar un problema tan común como frustrante: dormir bien se vuelve mucho más difícil. Las altas temperaturas nocturnas, los cam...

¿Por qué dormimos peor cuando hace calor?

Con la llegada del verano, millones de personas comienzan a experimentar un problema tan común como frustrante: dormir bien se vuelve mucho más difícil. Las altas temperaturas nocturnas, los cam...

Con la llegada del verano, millones de personas comienzan a experimentar un problema tan común como frustrante: dormir bien se vuelve mucho más difícil. Las altas temperaturas nocturnas, los cambios en las rutinas diarias y la mayor exposición a la luz solar alteran el descanso y hacen que muchas noches se conviertan en una sucesión de despertares, vueltas en la cama y sensación de cansancio al despertar.

Aunque pueda parecer una molestia pasajera, los sanitarios del Grupo Hospitalario Hernán Cortés recuerdan que el sueño es una necesidad biológica fundamental. Dormir mal de forma continuada no solo provoca fatiga, sino que también puede afectar al estado de ánimo, la memoria, la capacidad de concentración, el sistema inmunológico e incluso aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares.

El principal responsable de esta situación es el calor. El organismo humano necesita reducir ligeramente su temperatura interna para iniciar el proceso de sueño, que forma parte de un mecanismo natural que indica al cerebro que es momento de descansar. Sin embargo, durante las noches de verano, especialmente en episodios de altas temperaturas, el cuerpo encuentra más dificultades para disipar el calor acumulado a lo largo del día.

Como consecuencia, conciliar el sueño puede llevar más tiempo de lo habitual y, una vez dormidos, es más frecuente sufrir despertares nocturnos. El resultado suele ser un sueño más ligero, fragmentado y menos reparador. Por ello, muchas personas aseguran dormir las mismas horas que en otras épocas del año, pero se levantan con la sensación de no haber descansado lo suficiente.

Días más largos, noches de sueño más cortas

A este factor se suma otro elemento clave: la mayor duración de las horas de luz. Durante el verano amanece antes y anochece más tarde, lo que influye directamente en los ritmos biológicos. La luz natural inhibe la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el ciclo sueño-vigilia. Cuando la exposición a la luz se prolonga hasta las últimas horas de la tarde, la liberación de melatonina se retrasa y el organismo tarda más en prepararse para dormir.

Los cambios de hábitos también desempeñan un papel importante. Las vacaciones, las reuniones sociales, las cenas tardías o la relajación de los horarios habituales alteran el ritmo circadiano, el reloj interno que coordina numerosas funciones del organismo. Acostarse cada día a una hora diferente dificulta que el cerebro mantenga una rutina estable y favorece los problemas de sueño.

Cómo cuidar el descanso en verano

Ante esta situación, los expertos del Grupo Hospitalario Hernán Cortés en medicina del sueño recomiendan adoptar una serie de medidas sencillas que pueden marcar una diferencia significativa. Por ello, mantener horarios regulares para acostarse y levantarse sigue siendo una de las estrategias más eficaces para proteger el descanso, incluso durante las vacaciones.

También aconsejan realizar cenas ligeras y terminarlas al menos dos horas antes de ir a la cama. Evitar la cafeína y el alcohol durante la tarde y la noche ayuda a reducir las interrupciones del sueño y favorece un descanso más profundo.

Otra recomendación útil consiste en reducir la temperatura corporal antes de acostarse mediante una ducha templada. Asimismo, es importante mantener la habitación lo más fresca posible, utilizar ropa de cama transpirable y oscurecer el dormitorio para minimizar el impacto de la luz exterior.

Los especialistas también insisten en limitar el uso de teléfonos móviles, tablets y otros dispositivos electrónicos durante la hora previa al sueño. La luz azul emitida por estas pantallas puede interferir en la producción de melatonina y retrasar aún más la conciliación del sueño.

Fuente: https://www.infobae.com/espana/2026/06/15/por-que-dormimos-peor-cuando-hace-calor/

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