Por qué todos deberíamos comer calabaza: una hortaliza rica en vitamina C y bajo en grasas
A las puertas del otoño, la calabaza vuelve a ganar protagonismo como uno de los alimentos habituales de la cocina. Presente en cremas, guisos, purés y otras elaboraciones, esta ...
A las puertas del otoño, la calabaza vuelve a ganar protagonismo como uno de los alimentos habituales de la cocina. Presente en cremas, guisos, purés y otras elaboraciones, esta hortaliza destaca no solo por su sabor y versatilidad, sino también por su interesante perfil nutricional. Su bajo contenido en calorías y grasas, unido a la presencia de vitamina C y diferentes carotenoides, la convierte en una opción saludable para incorporar a una alimentación variada y equilibrada.
Uno de sus principales atractivos desde el punto de vista nutricional es precisamente su bajo aporte energético y de grasas, lo que permite incluirla con facilidad en diferentes comidas sin que suponga una elevada carga calórica. Además, su composición aporta nutrientes y otras sustancias de interés para el organismo, entre las que destacan las proteínas, la vitamina C y los carotenoides.
Entre las vitaminas presentes en la calabaza sobresale la vitamina C. Según los datos que ofrece la Fundación Española de Nutrición (FEN) una ración puede cubrir aproximadamente el 31% de las ingestas diarias recomendadas de este nutriente. La vitamina C desempeña diversas funciones importantes en el organismo y forma parte de una alimentación adecuada para mantener un buen estado nutricional.
Sin embargo, existe un aspecto que conviene tener en cuenta: una parte considerable de la vitamina C puede perderse durante la cocción. El calor y las características del proceso culinario pueden reducir la cantidad de esta vitamina disponible en el alimento. Por este motivo, la forma de preparación puede influir en el aprovechamiento de determinados nutrientes. Esto no significa que cocinar la calabaza reduzca su interés nutricional en conjunto. Al contrario, la hortaliza contiene otros compuestos que mantienen su relevancia incluso cuando se consume cocinada.
El papel de los carotenoidesLa calabaza también destaca por su contenido en carotenoides, que son pigmentos naturales responsables, entre otros aspectos, de buena parte de su característico color. Entre los presentes en esta hortaliza se encuentran la luteína, la beta-criptoxantina, los betacarotenos y la zeaxantina, en cantidades que van de bajas a moderadas o altas dependiendo del compuesto.
Una de las características más interesantes de algunos de estos carotenoides es que pueden transformarse en vitamina A en el organismo. Esta vitamina participa en funciones esenciales del cuerpo, por lo que los alimentos que contienen carotenoides con actividad provitamina A pueden contribuir al aporte de este nutriente.
Los betacarotenos y la beta-criptoxantina tienen precisamente esta capacidad de transformación. Otros carotenoides presentes en la calabaza, como la luteína y la zeaxantina, también forman parte de los compuestos de interés nutricional de esta hortaliza.
Un alimento versátil para una dieta equilibradaMás allá de un nutriente concreto, el interés de la calabaza reside en el conjunto de sus características. Se trata de un alimento con pocas calorías y grasas, pero que proporciona vitamina C y diversos carotenoides. Su facilidad para incorporarse a numerosas recetas permite, además, consumirla de formas muy diferentes.
La crema de calabaza, el puré, ciertas guarniciones o las preparaciones al horno son algunas de las posibilidades que ofrece este alimento. La elección del método de cocción puede ser relevante para conservar determinados nutrientes, especialmente aquellos sensibles al calor, como la vitamina C.