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Por qué unir a niños y adultos mayores bajo el mismo techo podría cambiar el futuro de las zonas rurales

En el Centro de Educación Familiar Intergeneracional Logan (LIFE), en el noroeste rural de Kansas, un equipo de la ...

Por qué unir a niños y adultos mayores bajo el mismo techo podría cambiar el futuro de las zonas rurales

En el Centro de Educación Familiar Intergeneracional Logan (LIFE), en el noroeste rural de Kansas, un equipo de la ...

En el Centro de Educación Familiar Intergeneracional Logan (LIFE), en el noroeste rural de Kansas, un equipo de la Universidad Estatal de Kansas completó su primer año de investigación sobre la convivencia cotidiana entre alumnos de primaria y residentes de una residencia de adultos mayores.

El análisis, realizado mediante entrevistas, mediciones de salud y evaluación del edificio, identificó mejoras iniciales en el ánimo y la autonomía de los mayores, además de avances socioemocionales en los niños.

A partir de un trabajo realizado por Emily Boragine y Rafael García para la entidad académica, Phys.org publicó la información. Los investigadores aclararon que los resultados son preliminares y que el proyecto continuará para observar su evolución a lo largo del tiempo.

Los residentes reducen síntomas de depresión

El centro LIFE reúne bajo un mismo techo a una escuela primaria y a Logan Manor, una residencia con capacidad para 36 personas. El Laboratorio de Memoria y Envejecimiento de la universidad examinó a 30 residentes de este sitio en 2 momentos separados por cerca de un año.

En ese período, la función cognitiva se mantuvo estable, mientras disminuyeron los síntomas de depresión y creció la independencia para realizar actividades diarias. Según los primeros datos, las personas mayores mostraron una mayor autonomía en esas tareas durante el primer año de seguimiento.

La profesora asociada de ciencias psicológicas Heather Bailey y su grupo participaron en esa medición. Paralelamente, Laci Cornelison, Justine Irving y el estudiante investigador Michael Glenn entrevistaron a 17 personas mayores sobre su llegada al nuevo espacio y sus vínculos con los alumnos.

Uno de los entrevistados explicó el efecto de la convivencia diaria al equipo de investigación: “Viví solo durante 21 años. Para mí, básicamente, ya no estoy solo”.

El diseño del edificio facilita los encuentros

El estudio también examinó las condiciones físicas de las instalaciones. Migette Kaup, profesora de diseño de interiores, comparó el anterior edificio de la residencia con las nuevas instalaciones de la institución, a las que se trasladaron los residentes.

La revisión de su equipo abarcó 130 características asociadas a la atención centrada en la persona, un concepto referido a modelos de cuidado que, en vez de imponer rutinas iguales para todos, consideran las preferencias, la autonomía y las necesidades específicas de cada uno.

La evaluación encontró diferencias medibles en la distribución de los espacios, el carácter residencial del edificio y el control de las personas mayores sobre sus ámbitos privados. Los corredores interiores, por ejemplo, conectan directamente la residencia con las aulas y evitan que los mayores deban salir al exterior para visitarlas.

La conexión entre ambos espacios facilita encuentros informales durante el desayuno, visitas a las aulas y actividades escolares compartidas.

También permite que algunos adultos mayores participen en la enseñanza: un participante contó a los investigadores que asiste a la escuela todos los martes y jueves para ayudar a los estudiantes con matemáticas.

Los niños avanzan en habilidades socioemocionales

Natalie Barlett, profesora adjunta de ciencias psicológicas, y un grupo de estudiantes universitarios comenzaron a recoger información de los alumnos en abril de 2025. El equipo estudia variables como la empatía, las actitudes hacia las personas mayores y la percepción de pertenencia, autonomía y competencia.

Los resultados disponibles señalan un aumento del desarrollo socioemocional de los estudiantes a medida que participan en experiencias con los residentes. Asimismo, las puntuaciones estandarizadas de lectura y matemáticas registraron aumentos durante el primer año completo de recopilación de datos.

El establecimiento también se convirtió en un espacio de formación para estudiantes de grado de la universidad, a través del Centro Chapman de Estudios Rurales. Estos alumnos colaboraron en la elaboración de herramientas de investigación, la recolección y el análisis de datos, además de tareas de gestión del proyecto.

El equipo continuará el seguimiento

Los investigadores regresaron recientemente a Logan para presentar los resultados iniciales ante miembros de la comunidad y continuar con el relevamiento. La siguiente fase buscará seguir los indicadores a largo plazo y precisar con qué frecuencia se producen los encuentros entre edades y cuál es su calidad.

El grupo también intentará determinar qué elementos del modelo pueden servir en otros lugares. La cuestión adquiere importancia en poblaciones rurales que enfrentan aislamiento social, dificultades de acceso al cuidado infantil, desafíos para involucrar a las personas mayores y escasez de mano de obra.

Cornelison, directora del Centro sobre el Envejecimiento de la universidad y presidenta del programa de gerontología, destacó que “este proyecto es altamente interdisciplinario, lo que ha permitido documentar los resultados desde múltiples perspectivas; la riqueza de los datos es notable”.

Teresa McComb, administradora de Logan Manor, describió la respuesta de los residentes cuando los niños se acercan: “Se les llena el ánimo de energía y están emocionados de hablar con ellos, ayudarlos con sus tareas y clases, y simplemente poder observarlos e interactuar con ellos a diario”.

Fuente: https://www.infobae.com/tendencias/2026/10/05/por-que-unir-a-ninos-y-adultos-mayores-bajo-el-mismo-techo-podria-cambiar-el-futuro-de-las-zonas-rurales/

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