Lo último Escuchar artículo

Rodrigo Lussich, sin etiquetas: cómo una niñez en la que cruzó ríos a medianoche y viajó solo a los seis años moldeó al conductor que hoy se siente en su “tercera vida”

“Estoy en un momento donde soy mi absoluta prioridad”, afirmó Rodrigo Lussich en Ellos, el ciclo de entrevistas de Infob...

Rodrigo Lussich, sin etiquetas: cómo una niñez en la que cruzó ríos a medianoche y viajó solo a los seis años moldeó al conductor que hoy se siente en su “tercera vida”

“Estoy en un momento donde soy mi absoluta prioridad”, afirmó Rodrigo Lussich en Ellos, el ciclo de entrevistas de Infob...

“Estoy en un momento donde soy mi absoluta prioridad”, afirmó Rodrigo Lussich en Ellos, el ciclo de entrevistas de Infobae, al hablar de la etapa personal y profesional que atraviesa. El conductor aseguró que, después de años condicionado por las expectativas ajenas, busca poner en primer lugar sus propios deseos, explorar nuevas facetas y correrse de la necesidad de validación que, según reconoció, marcó buena parte de su carrera.

Lussich construyó una extensa trayectoria en televisión y espectáculos. Es periodista, conductor, actor y comediante. Nació en Montevideo y se radicó en Argentina durante su adolescencia, donde desarrolló la mayor parte de su carrera. Con más de tres décadas en los medios, comenzó en radio y televisión y se consolidó en el periodismo de espectáculos, con pasos por Radio 10, Canal 9, América TV y elTrece, entre otros. Fue panelista y conductor de distintos ciclos y, junto a Adrián Pallares, estuvo al frente de Socios del espectáculo, además de desarrollar proyectos digitales y teatrales. En 2026 atraviesa una nueva etapa profesional, marcada por su trabajo como conductor de Intrusos, su incursión en el stand up con sus unipersonales Argentino que huye y Acelerado, y la exploración de nuevos formatos vinculados al humor, el periodismo y la actuación.

Durante la charla, el periodista explicó que la muerte de su mejor amiga, Mercedes “Meche” Portillo, un viaje de dos meses por Europa y el estreno de su unipersonal en Madrid marcaron un punto de inflexión que lo llevó a replantearse sus prioridades. También se refirió al rating y contó cómo reencontrarse con una faceta más artesanal de su profesión le permitió alejarse de la búsqueda permanente de aprobación y disfrutar de su trabajo desde otro lugar.

A los 53 años, Rodrigo define esta etapa como el comienzo de una “tercera vida” y sostiene que ya no hay tiempo que perder. En ese proceso, decidió poner fin a la dupla televisiva con Pallares después de seis años, con la intención de explorar una carrera en solitario y abrirse a nuevos caminos vinculados al humor, el periodismo, la escritura y el teatro. Además, habló de su vida sentimental y de una infancia marcada por la separación de sus padres, los viajes y una libertad que, con los años, aprendió a mirar desde otra perspectiva.

— Has hecho notas a lo largo de tu vasta carrera, pero no te mostras mucho como realmente sos.

— Sí, hay mucha gente que me pregunta si tengo mal carácter (risas).

— ¿Y es verdad?

— No, no tengo mal carácter. Pero soy un tipo más seco, sin duda, que lo que hago en la tele, a los saltos, a los bailes y a las risas porque soy más introvertido y con los años me he puesto más para adentro. Pero creo estar en el mejor momento de mi vida. Estoy en un momento donde soy mi absoluta prioridad, que no siempre me ha pasado, porque lamentablemente soy culposo.

— ¿Culposo de qué cosas?

— De que me vaya bien, de ganar más o menos plata, que tampoco nunca me hice millonario, pero me ha ido bien en los últimos años. Culposo de que otra gente que yo quiero no tenga ese mismo estatus o estándar de vida que yo me puedo dar: de viajar, de conocer el mundo. No te olvides de que yo vengo de una familia súper humilde, hipona, descontracturada. Yo he sido más ordenadito en algunas cosas, hice una carrera porque tuve un oficio, porque lo desarrollé, laburé toda mi vida y me puedo permitir cosas que tal vez otra gente de mi familia no. Y a mí eso me da un poco de culpa.

— ¿Te da culpa porque vos te lo autoimponés o en algún momento has recibido algún tipo de reproche?

— No sé si reproche directo, pero la manipulación emocional existe y nadie la hace por maldad. Pero uno a veces la recibe y también la ejerce.

— ¿Y has disculpado ese tipo de comentarios? ¿Lo charlaste alguna vez?

— Sí. Los he disculpado y lo trato mucho en terapia. Porque yo también habilito a veces ciertos códigos de relación familiar o personal. Me ha pasado con parejas o con amigos, no solamente en familia, donde después uno se da cuenta de que quiere cambiar ese código porque no le hace bien y el otro queda descolocado. Como que vos le cambiás las reglas cuando las reglas están muy establecidas. Y yo creo que entre las personas se establecen códigos todo el tiempo de relacionamiento. Hoy estoy en un momento donde yo soy mi absoluta prioridad y estoy dando pasos, a nivel personal y profesional, donde lo que yo quiera va a ser lo que sea. En realidad, siempre hice lo que quise, pero más condicionado algunas veces a lo que quieren los otros. Estoy en un momento de mucha inspiración, creatividad y de ampliación de registros en lo que yo puedo dar.

— Por ahí te asocian directamente a los programas de espectáculos, pero vos sos actor, sos hiperprofundo, culto y te encantan todas las ramas del arte.

— Y odio el encasillamiento, detesto la etiqueta.

— Pero es difícil en nuestro medio no caer en esas cosas.

— Muy difícil. En la vida, en la política, en la sociedad y en el medio. Necesitamos siempre poner una etiqueta porque eso nos tranquiliza. La tenemos cada uno en un estante de la cómoda y entonces eso nos ahorra trabajo de investigar más, saber más sobre la otra persona y no juzgarla.

— ¿Y te has creído alguna vez esas etiquetas que te han puesto?

— A veces sí. Seguramente te las terminás creyendo. La del chimentero, que es muy peyorativa, porque el término es feo. Hay gente que me ha criticado por eso, pero creo que logré doblarle el brazo a la industria en el sentido de que pude terminar haciéndolo como yo quería. De todas maneras, en algún momento seguramente me he creído esas etiquetas. Pero después de los 50, de haber hecho un viaje este año de dos meses a Europa, que es un viaje que tal vez alguien se podría permitir, no sé, un mochilero iniciáticos de 18 años en otro momento de la vida, porque no tenía ni para la mochila a los 18. Igual no lo hice a lo mochilero, lo hice más burgués ahora de grande, pero me hizo muy bien. Y después de la muerte de mi mejor amiga, que para mí fue un golpazo a fin del año pasado, se me ordenaron mucho los patitos.

— Yo creo que en esos viajes uno sin dudas se aleja para tratar de encontrarse. Parece algo contradictorio y paradójico, pero es así. ¿Qué buscabas al irte?

— Distancia de ciertas cuestiones personales y de rutina que me tenían muy gastado. Distancia física, pero el hecho de tomar la distancia física, poder ejercerla realmente, para que cuando volviera algunos patrones ya se modificaran. Con esa premisa planeé el viaje y, de hecho, la decisión del viaje es previa a la muerte de Meche. Ella se murió y yo me fui a la semana, porque ya lo tenía todo arreglado. Después fui muy abierto en lo que iba a pasar allá y terminé haciendo un espectáculo. Mi unipersonal debutó en Madrid.

— Pero originalmente no te fuiste a trabajar.

— No. En un punto lo agradecí y me vino muy bien porque, como yo soy un desconocido allá, eso me obligó a autogestionarme y hacer cosas que hacía de pendejo. Cuando hacía under y obras con mis amigos de la escuela de Serrano, que ahora no hago más, volantéabamos el show. Hoy me ponés a volantear en la puerta del Paseo La Plaza para mi show y lo puedo hacer, pero me cuesta la mirada externa: “¿Qué hace este volanteando si trabaja en la tele?”. Pero es un autoprejuicio. En cambio, en España, estaba liberado de eso.

— Promocionabas el show sin tenerle miedo a la mirada ajena.

— Estaba en todo el proceso para meter gente en esas funciones. Yo tenía mucho miedo porque no fui a eso, pero me lo ofrecen y dije que sí. Yo tenía el show a medio armar, el que iba a estrenar en Buenos Aires en abril, que después finalmente estrené. Entonces agarré un poco del show que había hecho con Adrián, con mi socio antes, y un poco del nuevo, y armé algunos monólogos especialmente para los argentinos que viven en España, porque es ese público. Aparte es un público que ve por Intrusos por YouTube. Y me pregunté: “¿Y si no va nadie?”. Hacía terapia remota, porque no dejé de hacer terapia en todo el viaje, y mi psicóloga me dijo: “Vos tenés que preparar tu mejor versión para cinco personas contadas con la mano”. Y eso me clarificó, me enfocó, me direccionó. Me puse a laburar para cinco personas y metí 150. Fue un flash.

— ¿Y cómo se ordena el ego cuando uno ya está tan instalado en un lugar y se reencuentra con algo muy propio de tu identidad? Porque me imagino que de ese Rodrigo que volanteaba cuando era chico debe quedar un montón todavía dentro tuyo.

— Quedaba un montón, estaba ahí y yo necesitaba reencontrarlo. Pero no desde un lugar romántico ni para caer en el lugar común de “volví a mis inicios”. Me pasó de adentro para afuera. Fue genuino, orgánico. Quería que me fuera bien en esa función. Porque uno de los objetivos del viaje fue salir un poco del ombligo, del ego, de la validación que este medio y esta profesión nos pide todo el tiempo.

— Esto de “tengo que hacer tantos puntos de rating”.

— Sí. Yo lo he sufrido mucho y vos lo sabés. En los dos meses que estuve en España no abrí nunca la aplicación del rating para ver cómo le estaba yendo a Intrusos. No quería ni saber eso ni cómo le estaba yendo al resto de la tele.

— ¿Y cómo te sentiste?

— Feliz. Muy bien, muy relajado. Entonces traté de cambiar el paradigma de que no fuera una cosa de validación: “Ahora tengo que llenar el teatro en España porque sino soy un fracasado”. Porque si no no parás nunca de buscar eso en el otro la validación y eso puede hablar de un cierto vacío propio.

—Pero ¿cómo se puede, en un medio como este, en el que el minuto a minuto es el que dirime tu continuidad laboral, correr esa zanahoria sin morir en el intento?

— Como se dice a veces en las peleas: tomándolo de quién viene. Es un sistema bastante perimido y polémico de medición, que no habla exactamente de cómo te está yendo en tiempos donde la gente te puede ver en vivo, en diferido, por YouTube, por recortes. O sea que ese número no te digo que es mentiroso, pero por lo pronto es limitado. Hace diez años que yo conduzco y otros diez años que laburé como panelista, y laburo desde los 18 y siempre tuve laburo, entonces pensar que voy a tener trabajo o no porque haga más o menos rating, creo que ya habla de una cosa un poco limitante de mi parte y hasta ciertamente básica.

— ¿Pero te sigue pasando? Porque yo creo que es el temor de todo artista.

— Menos. No digo que no me limite, que no me pueda tocar. Hago funciones y en la sala tiene que haber 90, y yo quiero meter 90. Fui a Montevideo y agoté un teatro de 600 localidades en una única función, un sold out. Cuando vi que esas 600 personas me estaban aplaudiendo, era un Rolling Stone. Obvio que se disfruta. Porque estamos para la aceptación del público y que paguen una entrada para vernos. No es lo mismo que ponerte en la tele en un zapping: si te ven, te ven, y si no te ven, no te ven.

— ¿Cuánto le sacaste a tu vida personal por dedicarte tanto a tu trabajo?

— Mucho, sobre todo en los últimos años. Pero también tuvo que ver con que no quise alimentar de ese lado.

— ¿Y por qué?

— Porque para encontrarme, hacer lo que me gusta y estar en un grado de inspiración, de creatividad, de objetivos claros, se dedica mucha energía. Y tener una pareja particularmente requiere mucha energía. O una parte de esa energía vos la tenés que compartir con una persona. Vos mismo compartimentás tu energía entre lo que vos querés y lo que tenés que construir con otro. Y la verdad es que no estoy para esa. Estuve muchas veces.

— Siempre fuiste de parejas súper largas.

— Sí, sobre todo genuinas y muy lindas. Pero siempre me encontré, sobre todo en la última, con la demanda de “por qué no me dedicás la energía, el tiempo”. Y porque tal vez ahora estoy para dedicárselo a otra cosa que soy yo. Entonces no tengo muchas ganas de transar con eso. Primero porque me he dado el gusto de tener parejas. Segundo porque también sé que eso, lamentablemente... Ojalá todos encontremos el amor para toda la vida, pero suele terminar. Y el proceso de terminar es doloroso.

— Es de los más difíciles que existe.

— Es difícil. Entonces uno queda medio resentido, no de resentimiento, sino de sufrido. Decís: “Bueno, ¿tengo ganas de pasar por esto de nuevo?”.

— ¿Te ha pasado, con el correr de los años, que sos más prudente y decidís cuidarte o preservarte de ciertos vínculos?

— Después de que me separé en el año 2022, no volví a tener un intento de relación. Hace cuatro años que yo ni siquiera tuve un atisbo de decir: “A ver, lo intento”. En realidad sí tuve un intento con una persona que me gustó, pero había demasiados puntos de desencuentro porque no vivía acá. Era demasiado complicado. Ponele que hubiera pasado, pero aparte me parece que cuanto más uno se pone a buscar en el afuera menos se está buscando uno. No es buscar que otro te venga a solucionar la vida. Ponele que consigo un amor. ¿Y ahora qué? O soy un número uno en la carrera, le gano a todos. ¿Y después? No alcanza.

— Y cuando te enfrentás a esa sensación de vacío que, en general, nos atraviesa un poco a todos, por la hiperestimulación en la que estamos y porque tiene que ver con ciertas etapas de la vida, ¿cómo hacés para volver a vos?

— Me quedo solo. Estoy en mi casa, me quedo, me guardo, me preservo. No hago mucho, hago poco. No hago mucho en el sentido de las acciones. Me guardo para adentro, estoy con mi perro, disfruto mucho. Porque también así que cómo estoy un sábado en casa, mirando una serie, solo con el perro, el sábado que viene tengo función en Córdoba y voy a estar a full con la gente, disfrutando ese momento que se pasa volando y es divino también. Aparte cuando estoy haciendo el stand-up y escucho la risa de la gente y lo que se genera, y ves que funciona, porque ser gracioso es un poco pretencioso, decir “soy gracioso”. Capaz que después no se ríe nadie. Entonces hay que tener mucho respeto por eso. Pero cuando ves que está pasando, te afianzás, ponés los pies en la tierra y decís: “Esto funciona”. Y cuando está pasando eso, quiero estar haciendo eso las 24 horas. Dame funciones de miércoles a domingo. Dame el Ópera (risas).

— ¿Has sufrido mucho por amor?

— Sí.

— Tu última relación te permitiste exponerla bastante.

— Sí. No fue una relación donde sufrí tanto el final porque se había hecho un poco desgastante y estaba sufriendo más la relación que la separación en sí. Tenía mucha presión, o yo me ponía mucha presión, porque había ido muy lejos, muy adelante. Había adelantado casamiento, compromisos, cosas que en ese momento me inspiraron y que sucedieron, pero que después...

— Que las hiciste públicas, que es lo difícil de este trabajo y que nadie te lo cuenta.

— Y que no lo volvería a hacer. No vamos a poner a una persona y a un amor en un casillero, pero también tiene que ver con experiencias de la vida que van más allá de la persona. Es como un checklist: hubo una relación que la expuse, basada en un sentimiento, y se dio que la otra persona se enganchó con exponerse porque tampoco le jodía. Fuimos para adelante y nos embalamos. Después la relación a la larga no funcionó y muchas de esas cosas que pensamos que iban a pasar no pasaron. Pero ya está, igual eso lo viví de esa manera y no quiero volver.

— Y lo aprendiste, fue experiencia.

— Sí, lo aprendí. No expongo más. También tengo que tener mucho cuidado conmigo, con mis sentimientos, porque hay otra persona del otro lado. Embalás a alguien en algo que capaz después uno no puede sostener. Uno con los años aprende que el príncipe azul no está, no existe y yo no quiero ser el príncipe azul de nadie.

—Me quedo pensando en esto que mencionaste de “después de los 50”. Hay una conciencia que aparece cuando uno entiende que entra en la segunda mitad de la vida que trae una mayor responsabilidad sobre cómo queremos vivir, ¿no?

— Yo estoy en esa búsqueda absoluta, por varias cosas. Primero por la edad en sí misma. Después, cuando vi morirse a alguien que yo quería mucho en tres días y no se pudo hacer nada con eso. También porque creo que en los 50, más allá de que sea una segunda parte, yo esta edad la siento como el inicio de una tercera vida. Yo le llamo así. No tercera edad, porque creo que es un poco más adelante, pero tercera vida. Una primera vida es la juventud, otra segunda vida es tal vez el comienzo del desarrollo personal y profesional. Y la tercera vida uno la tiene que pensar. Cuando digo tercera vida, puede durar, no sé, 20, 30, 40. Para mí ya duró 50 (risas). No sé cuánto es el tiempo, pero tiene que ser un tiempo mucho más de calidad y de claridad, de lo que uno quiere, de cómo uno quiere transitarlo. Si uno tiene iniciativas o expectativas, las tiene que ir a hacer.

— Claro, ya no hay tiempo que perder.

— Ya no hay tiempo. Exactamente. Esa es la realidad. Yo quería hacer ese viaje y fueron dos meses. Hasta evalué la posibilidad de vivir en España en algún momento. Si la posibilidad de trabajo aparece, lo haré y lo experimentaré. Ahora tengo ganas de experimentar otras cosas. Empecé a jugar con mi creatividad, desde el humor político, desde posicionarme políticamente y que no me pese, desde hacer tal vez un trabajo más periodístico.

— ¿No te atemoriza? Yo creo que igual el mundo del espectáculo es el más difícil. La gente ni se imagina que es más difícil que político.

— Creo que el miedo, que si bien lo siento muchas veces y no es que tampoco ando por la vida diciendo “guau, qué superado que estoy”, lo atravieso.

— Sos pendenciero aparte.

— Sí, soy muy pendenciero. Aparte manejo un humor ácido que es letal en algunos casos. Pero no creo que hoy pueda dejar de hacer algo por la mirada del otro.

— ¿Sentís que la partida de Meche fue un punto de inflexión en ese aspecto de tu vida?

— Claro. A mí nunca se me había muerto nadie cercano. Se me habían muerto abuelos, tíos, qué sé yo.

— Aparte un contemporáneo moviliza mucho.

— Exactamente. Y aparte una persona que era tu vida, que no tiene definición justamente a la hora de las etiquetas. Podía haber sido mi pareja, pero no era mi pareja. Podía haber sido mi amiga, pero era mucho más que amiga. Podía haber sido pariente, mi hermana, y era mucho más que eso. Era una especie de esposa de la vida platónica, pero aparte era alguien con quien yo me conectaba mucho a través de la risa. Yo la extraño terriblemente, porque aparte trabajábamos juntos. Ella venía a las giras conmigo y con Adrián. La gira terminó después de tres años y ella falleció tres días más tarde. Fue todo muy repentino.

— La gente que no se acuerda, fue una enfermedad pulmonar.

— Sí, producto de su enfermedad de base que era esclerodermia. Terminó teniendo una fibrosis quística y eso destruye sus pulmones. Pero ella era tan brillante que se había encargado de convencernos a todos los que estábamos alrededor de que ella no se iba a morir. Era obvio que se iba a morir, lamentablemente. Hacía una vida tan “normal”, dentro de la normalidad. Ella no se condicionaba para nada. Manejaba su auto, laburaba, iba y venía al canal. Era nuestra asistente en las funciones y la hemos visto subir por unas escaleritas de esas tipo de carpintero a las cabinas de edición. Ella me enseñó muchísimo y me dejó un poco el legado de decir, después de haber visto aquel espectáculo que hicimos con Adrián tres años, ella no era condescendiente conmigo, era bastante crítica. No es que me regalaba elogios, pero me dijo: “Vos tenés que hacer un espectáculo solo porque la gente se ríe mucho con vos”. Y yo al toque me puse a trabajar en eso. Inclusive estando en España, que no era la idea, sale ese plan y me pongo a armar un espectáculo, que después ya tenía pensado armar para acá.

— ¿Te atemorizó salir de ese espacio de preservación o de seguridad que tenés con Adrián y mandarte solo?

— Era el momento y es el momento también para el final de la dupla televisiva, un ciclo de seis años iniciado en 2021 e incluyó nuestra ida a Canal Trece y nuestra vuelta a América.

— ¿Y cómo te llevás con los finales?

— Mal. Primero fue la separación en el teatro, donde yo también lo animé a él a hacer ese show donde estuvo bárbaro. Él encontró una faceta que creo que puede seguir desarrollando. Fueron tres años, 100 funciones, que estuvo divino. Después yo tenía la necesidad de explorar el stand-up y me contacté con la gente del género. Darío Orsi, referente del stand-up local, lo dirigió. Escribimos el guion juntos con Ludmila Gurchenco, que es otra amiga mía con la que hago los guiones. Salió un show relindo, pero ahora que viene el final de la dupla televisiva va a ser un duelo.

— ¿Y te da algún tipo de ahogo eso?

— Te da temblorcito, ¿viste? Porque aparte funcionamos muy bien también. No es una dupla que está desgastada.

—Pero el error es pensar que los vínculos tienen que terminar cuando están totalmente rotos, ya sean de pareja, una sociedad o una amistad. Uno puede salir dos temporadas antes de que se rompan.

— Sí, que es lo ideal también no llegar al límite. Hay situaciones donde el mismo cuerpo te pide otra cosa, que en este caso para mí es ser un conductor en solista, ya sea en radio, en televisión, en lo que sea. También hay que ver lo que el medio quiere de mí. Porque capaz que si es con Pallares lo compran, pero solo no.

— ¿Les llevó mucho tiempo tomar esta decisión?

— Llevó tiempo y estamos en proceso todavía. Tuvo que ver más con una inquietud mía. Adri es un tipo más tranquilo, más conservador, de menos sacudones en sus actividades o en su vida, y yo lo respeto como tal. Somos amigos hace 20 años.

— Y encima cumplen años el mismo día.

— Yo pretendo que sigamos siendo amigos toda la vida, pero para eso creo que hoy es tiempo de encarar los caminos por separado, porque aparte también tiene que ver para mí, y en ese sentido no tengo vergüenza en decirlo, con una ambición profesional. Yo quiero seguir creciendo en la carrera y no hay tiempo que perder. En la tercera vida, si yo sigo conduciendo en televisión, streaming o radio, donde lo haga, será solista, porque creo que las grandes carreras se construyen solos.

— ¿A quién escuchás?

— Mucho a mi psicóloga. Tengo una terapeuta con la que estoy hace 20 años, con la que tengo un nivel de diálogo muy franco, abierto y que me hace muy bien. La verdad que ha sido muy salvadora para mí en un montón de cosas. Y después a mi viejo. Mamá también, pero está más grande y está en esa etapa de la vida donde es aquí y ahora; no es mucho ni el antes ni el después. Su cabeza está bien, pero está más limitada. Ya se queda en su casa, no viene de visita, voy yo a verla, está más guardada. Entonces yo quiero preocuparla menos, meterle menos cosas en la cabeza, porque su cabeza empieza, no a deteriorarse, pero a tener signos de la edad propios. Con mi viejo sí hablo más. Papá viene una vez por año, yo voy para allá otra vez por año.

— Vive en Brasil.

— Sí. Tenemos charlas súper profundas y aparte nos hablamos por WhatsApp.

— Ellos están separados, Rodri, hace muchos años.

— 40 años.

— Mencionaste en algún momento esta vida hippie que han tenido. Más de grande, cuando miraste para atrás, ¿te alineaste con esa forma de vida? ¿Quisiste salir de ese formato? ¿Tuviste reclamos hacia tus viejos?

— No, yo nunca los reclamé desde un lugar de demanda o de reproche. No me dio por ese lado. A mí la terapia me ayudó mucho a hacer mi propio proceso de perdón. No necesité comunicárselos a ellos.

— Pero sí tuviste cosas que perdonar.

— Sí, claro. Porque hubo una niñez muy alocada, donde seguramente hubo cosas que como niño no estuvo bueno haber vivido. Pero yo tuve la suerte también de que, como canalizo mucho a través del humor, transformé mucho. Me fabriqué, si se quiere, mis historias de niño, reales pero ornamentadas con el humor, que son parte del show que hago y de las cosas que cuento en la tele o que la gente sabe de mí. A mí eso me ayudó a transitarlo de una manera mucho más liviana. Pero trato de ser respetuoso con mis otros hermanos, que tal vez lo han vivido cada uno con su mirada y capaz no se lo toman tan en joda.

— ¿Hubo momentos que la pasaron horrible?

— Sí, sobre todo porque éramos muy chicos. Mi hermana era un poquito más grande que yo y tal vez lo vivió de forma más consciente. Yo era más nene, pero yo viajaba en micro a Brasil solo a los seis años. Me ponían en un micro de un lado, me iban a buscar del otro. Hemos pasado, con mi hermana, un río en Brasil a las tres de la mañana con el agua al cuello para cruzar un morro y llegar a una casa donde estaba mi mamá con su nueva pareja. Le caímos y, encima, le rompimos el idilio de la luna de miel. De alguna manera nos lo hizo saber. Notábamos que estábamos de más ahí. Y es duro para un chico todo eso. Además veníamos de una cuestión de peligro físico, inclusive. Como esas, muchas situaciones donde todo era muy libre, pero la libertad mal usada también a veces es una cagada.

— Sí, viste que uno busca palabras más románticas, porque uno habla de libertad, pero hay un dejo de irresponsabilidad también.

— Sí, pero de inconsciencia y de búsqueda, porque mi perdón hacia ellos tiene que ver con eso: yo sé que siempre ellos estuvieron buscando, que nunca hubo una... De hecho, en un momento encontraron y se quedaron.

— Claro. No es que siguen en esa situación.

— No. Mi mamá se enamoró de un argentino a los 30 y pico de años y hoy tiene 70 y pico y sigue con él. Se vinieron para acá y nos vinimos para acá. Mi papá se enamoró de una argentina más o menos al mismo tiempo. Se fue a vivir a Brasil con ella porque les gustaba Brasil y tiene hijos brasileros, nietos brasileros, y allá está y ahí se quedó. En un momento la búsqueda mermó. Lo que pasa es que esos años de búsqueda entre que ellos se separaron y encontraron ese amor definitivo y ese camino, fueron picantes.

— Sí, y niños que en realidad no estaban viviendo una vida de niños.

— Y no. Aparte era mucho contraste con la vida que yo tenía en casa de mis abuelos, donde se me cumplían todos los caprichos, porque como yo era un niño de padres que eran ovejas negras. Pero eso también me mostró dos panoramas muy distintos, porque yo tengo esta cosa de que me encanta la comodidad y lo confortable. Pero también mañana puedo afrontar quedarme en pelotas y salir a hacer teatro en el subte. Puedo enfrentar esas dos cosas. Puedo estar en un cinco estrellas y viajando en tren con total normalidad.

— ¿Y algo de todo eso que viviste de chico te condicionó a la hora de pensar en tu rol como papá, por ejemplo?

— Sí, a mí me limitó. Porque yo tengo todo un mambo con el tema de la herencia, pero no de la herencia económica solamente, pero también esa. Como soy una persona que no va a recibir herencia de esa naturaleza. Viste que vos sabés, no es un tema que especulás. Sos una persona que va creciendo, pero sabés que tenés padres, abuelos o tíos, que el día de mañana hay un campo para heredar. Bueno, está, es parte de la vida, te va a llegar. Como yo nunca tuve eso, la idea de la herencia a mí nunca me condicionó y al mismo tiempo nunca me invitó a dejar herencia. Por eso soy un tipo que no tiene propiedades, no tiene nada a su nombre.

— La plata la disfrutás, la vivís y ya.

— Hoy digo: estaría bueno tener un hijo de 20, 30 años. Podría tenerlo yo ya con 53. Estaría buenísimo. No pasó cuando tuvo que pasar, pero también mi vida hubiera sido otra. Porque creo que cuando sos padre...

— Algunos no, pero un poco te ordenás.

— En general, a partir de que sos padre, no sé si te ordenás, pero te ponés a trabajar no solamente por el hecho de trabajar, sino porque querés dejarle algo, querés dejarle herencia, más allá de la herencia de los valores. Vos no te querés ir de este mundo sin dejarle algo a tu hijo o a tu hija de herencia. Entonces, yo creo que no me enfrenté al hecho de ser padre porque no me sentí capacitado para dejar herencia, porque no voy a heredar.

— Como que trasladaste eso que te pasa como hijo a un posible rol de papá.

— Sí, claro. Y eso me limitó. No te digo que me arrepiento, pero digo: qué cagada, porque hubiera estado bueno ser papá.

— Pero pará, decís “hubiese estado bueno ser papá”. O sea, tenés 50 y pocos. Nunca sabés si la vida te puede sorprender.

— Puede pasar. Lo que pasa es que ya me daría cosa que el chico me tenga poco tiempo. Pero tampoco sería poco, qué sé yo. Puede pasar. Lo que pasa es que también me parece una tarea demasiado grande para una persona sola. Criar un hijo creo que es de a dos. Después esos dos veremos cómo funcionan, pero sí el proyecto de familia tiene que tener dos integrantes de base, más allá de que no procreemos juntos, pero poder adoptar o buscar la manera a través de una pareja. Lo podría haber hecho solo y hoy te digo esto y capaz que con esta etapa de reencuentro con un montón de cosas y de encuentro mío, capaz que pasa que lo hago solo. Cormillot se cuelga de un arnés y tiene hijos.

— Mirá Constantini. Hay tantos ejemplos. Y nos estamos yendo a edades mucho más altas que la tuya.

— Sí, puede pasar.

— Rodri, si vos pudieses cerrar los ojos e imaginarte dónde te gustaría verte de acá a cinco años, ¿qué mirás? ¿Qué manifestás?

— Estar arriba de un escenario con mucho público, riéndose conmigo. La gente, en el trabajo que hago, que es un trabajo que supuestamente es de primicias, de exclusivas y toda esa mentira, me agradece que se ríe conmigo, que los hago reír. Sobre todo un grupo etario de mujeres que ven televisión al mediodía. Ahora a través de las redes me descubre otro mundo, o a través de mi posicionamiento político me mira de otra manera gente que tal vez me subestimaba. Entonces se abre el panorama. Pero si vos me preguntás un lugar: arriba de un escenario haciendo reír. Tal vez en un monólogo, tal vez en una comedia mediante, pero ese es el lugar que manifiesto.

— Y si te pudieses tomar un mate con el Rodri de hace 10 años o 15 años atrás, ¿qué le dirías?

— ¿Y por qué no empezaste antes, pelotud*? (risas). A pensar en lo que querías, a priorizarte, a darte más bola. Ahora quiero muchísimas inquietudes. Quiero escribir un libro sobre mi mamá, basado en unos diarios que ella escribió en un viaje y también con la experiencia nuestra. Quiero escribir una autobiografía inconclusa.

— Que sea tipo elige tu propia aventura.

— Claro. Tengo muchas ganas de una novela. Creo que escribo bien y quiero jugar con explotar ese costado. No sé si me voy a dedicar a hacer televisión todos los días o no. Hoy estoy en un momento de incertidumbre, pero no le tengo miedo a salir de la tele. Creo que pueden abrirse un montón de puertas.

— ¿En algún momento tuviste miedo de salir de la tele?

— Sí, por la estabilidad económica sobre todo. Porque aparte es el trabajo que me encargué de alimentar durante 30 años. Entonces, claramente el caminito te lleva a que te vaya mejor.

— Y hay una sensación como de “si me voy, pierdo todo”.

— Claro. Y sobre todo nunca se pierden lugares que ya no son de uno.

— Y más con toda la multiposibilidad que tenemos hoy por hoy de canales de autogestión, sea en las redes sociales y de todos los medios que hay tan diversos.

— Y cómo uno puede fabricarse sus espacios, tener un propio canal de YouTube. Hay miles de cosas. Obvio que la tele te da un estatus que entiendo que se respeta, porque son lugares difíciles de ocupar y difíciles de sostener. ¿Qué es el éxito? No me quiero poner muy filosófico ni muy psicológico, pero de verdad creo que hay que rascar un poquito esa cascarita.

— Para mí el éxito es estar en paz y es poder ser, dentro de lo que se pueda, dueño de su tiempo. Que es lo más difícil porque de golpe cerramos los ojos, los abrimos y así de rápido se pasa la vida.

— Yo el otro día lo escuchaba a Rada, que es un tipo que admiro mucho, me parece brillante, de los más completos que tenemos en Argentina, y me alegro de que le vaya como le va; lo admiro. Pero decía: “Estoy en los 40 y estoy...”. Yo estoy en los 50, y tengo la sensación de que los 60, que no son los 60 de cuando nuestros padres los tenían, es el prime absoluto. Cuando me dicen, he escuchado, este año me han dicho varias veces: “Estás en tu prime”. Todavía no. Estoy en esa búsqueda, pero creo que después de los 60 inclusive debe ser mejor todo. Porque tenés una experiencia acumulada y pudiste finalmente hacer lo que tenías que hacer y lográs esa paz mental que es la propia, que es la única que nos tiene que importar.

— Para cerrar nuestra nota, si pudieses encontrar una especie de foto de un momento de tu vida al que te gustaría volver, por lo que sea, ¿cuál elegirías y por qué?

— Hay una foto de infancia. Inclusive que la puedo ver porque es una foto real, con mamá, papá, con mi hermana, esa foto de chiquitos en la playa, esa foto de familia que se soñó y que después fue la que fue. No es patético eso, pero es una foto, si se quiere, romántica, idílica, nostálgica.

— ¿Sentís que ese chiquilín necesitaría un abrazo tuyo o estaba bien?

— No, yo creo que estaba bien. Se la re bancaba. No por una cuestión de soberbia, sino del registro propio. Yo estoy orgulloso del camino que recorrí, más allá de los errores, de los desaciertos o los aciertos. No cambiaría nada. Es este camino. Uno transita un camino donde está parado en un lugar y dice: “Está perfecto, si todo está pasando”. ¿Para qué cambiaría algo? Inclusive situaciones caprichosas mías, no sé, me he enamorado de gente que no me ha dado bola y he perdido tiempo y energía.

— Y mirando para atrás, ¿sentís que eso pasó para algo?

— Sí, siempre pasa para algo. Inclusive cuando uno se encapricha con cosas, y yo soy muy caprichoso, después entendés. Yo en un momento tuve un amor en Mar del Plata que no fue correspondido y yo me fui a Mar del Plata a tratar de conquistarlo, sabiendo que no iba a ser correspondido. Pero yo en Mar del Plata tuve un programa de radio que fue un éxito y ahí empezó a direccionarme desde la conducción humorística que hago hoy.

— Y que si ese amor no hubiese existido...

— No hubiera ido a Mar del Plata y no hubiera empezado ese camino que yo desarrollo profesionalmente. Así que le agradezco infinitamente que me haya rebotado (risas). Capaz que me hubiera quedado en Mar del Plata y también haría un programa de Mar del Plata, y lo haría con toda alegría, pero también fue por algo. Yo creo que el instinto o la intuición es un sexto sentido y es real. Cuando vos querés ir hacia algún lugar, como que te tiran para el otro lado, y vos...

— Sabés que es para allá.

— Es para ahí. Y decís: “Pero no, si no tiene explicación, si está mal”. Hay que ir. Es así.

Fuente: https://www.infobae.com/reportajes/2026/10/09/rodrigo-lussich-sin-etiquetas-como-una-ninez-en-la-que-cruzo-rios-a-medianoche-y-viajo-solo-a-los-seis-anos-moldeo-al-conductor-que-hoy-se-siente-en-su-tercera-vida/

Comentarios