Lo último Escuchar artículo

Tu ropa tiene una segunda historia: América Latina todavía no sabe cómo contarla

Existe una contradicción incómoda: nunca habíamos hablado tanto de ...

Tu ropa tiene una segunda historia: América Latina todavía no sabe cómo contarla

Existe una contradicción incómoda: nunca habíamos hablado tanto de ...

Existe una contradicción incómoda: nunca habíamos hablado tanto de sostenibilidad y, al mismo tiempo, nunca habíamos producido y descartado tantos bienes como si los recursos fueran infinitos.

La industria textil representa una de las expresiones más evidentes de esta paradoja. Hablamos de moda sostenible, economía circular y consumo responsable, pero cuando una prenda deja de ser útil, su historia suele terminar demasiado pronto: retazos mezclados con residuos comunes, prendas sin trazabilidad y materiales cuyo destino final desconocemos.

El problema no es solamente cuánto desechamos. Es cuánto valor perdemos cuando dejamos de saber qué ocurre con aquello que descartamos.

El Emporio Comercial de Gamarra lo demuestra. El principal enclave textil del Perú genera entre dos y seis toneladas diarias de residuos, principalmente retazos y sobrantes de corte. Buena parte termina mezclada con residuos municipales o en circuitos informales, mientras la falta de trazabilidad y la elevada informalidad dificultan su valorización.

Pero esta no es una realidad exclusivamente peruana. Una investigación desarrollada desde ESAN, que compara seis grandes enclaves textiles de América Latina, muestra diferencias significativas en su capacidad para avanzar hacia la circularidad. El Índice Comparativo de Circularidad Textil (ICT), construido sobre una escala de 0 a 100, evalúa recolección diferenciada, valorización, trazabilidad y formalización, y participación ciudadana. Brás/Bom Retiro, en Brasil, lidera con 63 puntos; Santiago alcanza 48; Bogotá, 37; Gamarra, apenas 23; Santa Cruz, 15; y La Salada, 10.

La brecha revela algo más profundo que una diferencia entre ciudades: la circularidad no depende únicamente de cuánto producimos, sino de nuestra capacidad para recuperar el valor de lo que producimos.

Brasil ofrece una pista. La formalización de recicladores, las redes de valorización y las políticas públicas han permitido que Brás y Bom Retiro alcancen tasas de recuperación cercanas al 30 %. Allí, el residuo comienza a dejar de ser un descarte para convertirse nuevamente en recurso.

Ese cambio de mirada es fundamental. La economía circular no empieza en el momento de desechar una prenda. Empieza mucho antes, cuando decidimos cómo diseñarla, qué materiales utilizar y qué ocurrirá con ella después de su primera vida.

Por eso la trazabilidad se vuelve decisiva. Una prenda fabricada con poliéster, algodón, elastano o mezclas de fibras no puede ser tratada simplemente como un residuo genérico. Su composición determina qué posibilidades existen para reutilizarla, transformarla o recuperar sus materiales. Sin información, una parte de su valor desaparece.

El estudio de ESAN identifica oportunidades concretas: poliéster reciclado, algodón regenerado y fibras provenientes de residuos agrícolas como banana, piña, cáñamo y maíz pueden reducir la dependencia de fibras vírgenes y abrir nuevas cadenas de valor. Pero su expansión requiere infraestructura, estándares de calidad y sistemas confiables de certificación y trazabilidad.

La tecnología puede acelerar esta transición. IoT permite monitorear los flujos de residuos; FTIR identificar fibras; la inteligencia artificial automatizar su clasificación; y blockchain registrar su recorrido. Los pasaportes digitales de producto, además, podrían incorporar información sobre composición, reparación, reciclabilidad y destino final.

La ropa del futuro no debería decirnos solamente cuánto cuesta. Debería poder decirnos de qué está hecha, de dónde viene y qué podemos hacer con ella cuando deje de ser útil.

Pero ninguna tecnología será suficiente si no cambiamos también las reglas del sistema. La circularidad exige formalización, infraestructura, políticas públicas, separación en origen, inversión y consumidores dispuestos a modificar sus hábitos. El análisis comparativo muestra precisamente que los mayores niveles de circularidad aparecen donde estos elementos comienzan a funcionar de manera articulada.

Por eso, el DIADESOL no debería ser solamente una fecha para hablar de residuos. Debería ser una oportunidad para preguntarnos por qué seguimos produciendo bienes que nunca fueron diseñados pensando en su siguiente vida.

América Latina tiene una oportunidad enorme. Sus enclaves textiles concentran conocimiento productivo, mercados y materiales que pueden convertirse en nuevas cadenas de valor. El desafío es dejar de mirar los residuos únicamente como aquello que debemos retirar de nuestras ciudades y empezar a reconocerlos como materias primas que todavía conservan valor.

La pregunta, entonces, no es solamente qué hacemos con aquello que ya no queremos. La verdadera pregunta es qué estamos haciendo hoy para que aquello que producimos no se convierta mañana en un residuo sin valor.

Porque la verdadera gestión de residuos comienza cuando decidimos qué producir, cómo producirlo y, sobre todo, qué futuro queremos darle a aquello que hoy llamamos residuo.

Fuente: https://www.infobae.com/peru/2026/10/08/tu-ropa-tiene-una-segunda-historia-america-latina-todavia-no-sabe-como-contarla/

Comentarios