Un estudio pone en duda la idea de una única hembra reproductora entre aves y mamíferos
Un análisis de 73 especies de ...
Un análisis de 73 especies de aves y mamíferos con reproducción cooperativa concluyó que, cuando varias hembras sexualmente maduras conviven en un mismo grupo, suelen reproducirse y participar juntas en la crianza, en lugar de que una sola monopolice la actividad reproductiva mientras las demás renuncian a tener crías.
El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de Konstanz y otras instituciones a partir de registros de poblaciones silvestres. El trabajo revisó cómo se habían clasificado previamente los sistemas sociales de animales que viven en manada.
En estas variedades, algunos individuos ayudan a cuidar crías que no son propias; esa conducta se conoce como cuidado aloparental. Sin embargo, los autores advierten que la presencia de ayudantes no implica necesariamente que hembras adultas hayan dejado de reproducirse.
El trabajo, publicado en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, cuestiona las interpretaciones que describían a muchas especies como grupos con una hembra dominante y subordinadas que solo colaboraban en el cuidado.
El análisis revisó la composición real de los grupos animalesEl primer autor, Yitzchak Ben Mocha, explicó que el estudio surgió ante el uso de categorías demasiado amplias en comparaciones entre especies. Según indicó, algunas investigaciones pasadas no consideraban diferencias entre poblaciones de un mismo tipo ni la composición concreta de cada comunidad.
“Me inquietaba que algunos estudios argumentaran que, en las especies con reproducción cooperativa, todas las hembras de un grupo, excepto una, ‘renuncian’ a reproducirse por sí mismas para apoyar a la descendencia de una única hembra dominante”, señaló Ben Mocha.
Esa idea llevó a plantear que las hembras colaboradoras actuaban de forma altruista, es decir, que invertían tiempo y recursos en la descendencia de otras sin reproducirse ellas mismas.
Según Phys.org, el nuevo análisis plantea que esa lectura no corresponde a numerosos casos, porque las supuestas ayudantes eran inmaduras o los conjuntos solo incluían auxiliares machos.
Los datos cuestionan clasificaciones previasLos investigadores revisaron ejemplos de aves como el azulejo occidental (Sialia mexicana) y el maluro soberbio (Malurus cyaneus). Estudios anteriores las habían incluido entre las especies con una fuerte desigualdad reproductiva y usaron esa clasificación para explicar por qué las subordinadas no procreaban.
Al comprobar los datos demográficos disponibles, el equipo encontró que casi todos los nidos de esas aves no contaban con una hembra ayudante. Por ello, los autores sostienen que esos casos no sirven para responder preguntas sobre la cooperación reproductiva femenina.
“Por definición, no puede haber sesgo reproductivo femenino en estas especies, ni tampoco cuidado aloparental femenino”, afirmó el autor. La observación apunta a que la estructura de los grupos debe verificarse antes de compararlos, ya que no basta con asignar una categoría social a toda una población.
Para evaluar estas diferencias, el equipo examinó observaciones de 73 especies y buscó determinar si las hembras adultas que vivían juntas compartían la crianza o si una de ellas concentraba la reproducción. El análisis se centró en poblaciones de aves y mamíferos silvestres registradas en estudios anteriores.
La cooperación supera al monopolioLos resultados mostraron que, en las comunidades donde convivían varios individuos femeninos sexualmente maduras, era más común que se reprodujeran conjuntamente y ayudaran a criar las crías de las demás. Esta pauta apareció con mayor frecuencia que el monopolio reproductivo por parte de una sola hembra.
“En la mayoría de los casos, las madres que se reproducían de forma natural eran hembras sexualmente inmaduras o solo contaban con ayudantes masculinos, por lo que ninguna hembra renunciaba realmente a la autofecundación”, explicó el investigador.
El estudio propone que las futuras investigaciones distingan entre los grupos que contienen varias hembras adultas y aquellos donde las crías reciben apoyo de individuos jóvenes o de machos. Esa separación permitiría conocer mejor en qué circunstancias existe cooperación femenina y cuándo hay competencia por reproducirse.
Ben Mocha señaló que antes de discutir por qué una hembra inhibe la reproducción de otra, se debería indagar qué condiciones sociales y ecológicas favorecen la convivencia de varias hembras maduras. También planteó que esa pregunta puede variar entre conjuntos de animales, como mamíferos y aves.
Co-BreeD reúne datos por poblaciónLa base Co-BreeD fue creada por Ben Mocha y Michael Griesser como un recurso abierto y estandarizado para estudios comparativos. Sus registros provienen de artículos revisados por pares sobre poblaciones silvestres y son verificados por responsables del proyecto y autores de los estudios originales.
“Co-BreeD proporciona datos específicos para una especie, que vive en una ubicación específica (es decir, una población) en un período de tiempo determinado”, explicó Ben Mocha. El objetivo es evitar generalizaciones sobre un conjunto completo.
Los autores esperan que ese material sirva para estudiar las condiciones que facilitan la cooperación en grupos formados por varias hembras y para mejorar la precisión de las comparaciones entre especies.