Una receta heredada inspira vinos elaborados con sabores tropicales salvadoreños
En el seno de la numerosa familia Peralta la receta del vino artesanal pasó de generación en generación, aunque inicialmente solo era una bebida para compartir en celebraciones especiales, ahora...
En el seno de la numerosa familia Peralta la receta del vino artesanal pasó de generación en generación, aunque inicialmente solo era una bebida para compartir en celebraciones especiales, ahora apuesta por demostrar que la receta tradicional con sabores tropicales salvadoreños puede igualar la calidad de un producto internacional.
“Mi abuela tuvo 11 hijos, entonces se imaginan la cantidad de personas que se reúne en las fiestas de fin de año. Recuerdo que en 2017 mi papá recreo la receta del vino que preparaba mi abuelo, a todos les gustó”, señaló con entusiasmo Mario Peralta, un emprendedor salvadoreño que busca colocar la tradición y nostalgia a cada hogar.
La bebida que preparó su padre en aquellas reuniones familiares estaba hecha a base de flor de Jamaica y no contaba con nombre ni una intención comercial.
Era parte de la convivencia de una familia originaria de un cantón de Aguilares, a las afueras de San Salvador, donde las celebraciones de fin de año reunían a hijos, nietos y amigos.
La idea tomó otra dimensión cuando Peralta estudiaba Ingeniería Civil en la Universidad de El Salvador. Durante un proyecto de emprendedurismo, decidió retomar la receta junto con su novia, ingeniera en alimentos y actual socia del negocio. El producto fue presentado en una feria universitaria, donde comenzó a despertar el interés de estudiantes, docentes y visitantes.
Masat nació de una receta familiar y de la música folclóricaEl nombre Masat fue elegido como un vínculo con la historia de la familia. Proviene del grupo de música folclórica al que perteneció su padre en Aguilares y significa “venado” en náhuat. Peralta también formó parte de esa agrupación durante su niñez.
Tras la feria, la pareja comenzó a elaborar pequeños lotes caseros para familiares y conocidos. Las primeras ventas ayudaban a cubrir gastos de la universidad. El crecimiento fue paulatino: quienes compraban una botella regresaban por otra o la regalaban, lo que amplió la red de clientes.
Los recursos eran limitados. Para envasar el producto, Peralta y su novia solicitaban botellas vacías a hoteles y restaurantes. Él elaboraba las primeras etiquetas y diseños con programas gratuitos. “No comenzamos siendo los mejores, ni teníamos el mejor producto, ni la mejor etiqueta”, afirmó en entrevista con Infobae.
De los microlotes a una planta de producción en AguilaresEntre 2023 y 2024, el aumento de la demanda llevó a la pareja a construir una planta de producción en el terreno de la casa de los padres de Peralta, en Aguilares. También tramitaron los permisos de funcionamiento y los registros sanitarios requeridos para comercializar bebidas elaboradas bajo procesos de fermentación.
La marca comenzó con vino de flor de Jamaica, luego incorporó tamarindo y maracuyá. La recepción de los nuevos sabores obligó a hacer ajustes. Las primeras versiones de tamarindo y maracuyá tenían un perfil más seco, pero el público buscaba una experiencia más cercana a los sabores conocidos de esas frutas.
El cambio tuvo resultados en las ventas. El vino de maracuyá pasó de tener menor aceptación a convertirse en el más vendido, según Peralta. La empresa trabaja con alrededor de cinco o seis proveedores de materias primas locales, entre agricultores y pequeños emprendedores.
“Nos gusta que todo lo que ocupemos sea local, en la mayoría de lo posible. Los ingredientes directamente son locales”, explicó el cofundador de Masat. La propuesta busca diferenciarse de los vinos de uva y poner en primer plano ingredientes propios del territorio salvadoreño.
Peralta mantuvo su empleo como ingeniero civil mientras el proyecto avanzaba, pero a inicios de 2026 decidió dejar esa actividad para dedicarse de lleno a Masat, ante el aumento de responsabilidades y contactos comerciales.
Actualmente, la marca tiene presencia en establecimientos de café, hoteles y tiendas de vinos y licores de San Salvador. La pareja mantiene a su cargo la producción, el desarrollo de sabores, la imagen, las relaciones con proveedores y la comercialización.