‘Lionel’, la película que ha reconciliado a un padre y un hijo a través de una gran aventura por carretera: “Nos hemos podido comprender mejor el uno al otro”
Un par de meses antes de fallecer, el gestor cultural José Luis Cienfuegos llevó a la Seminci de Valladolid una película que él consideraba singular, diferente al resto. El que fuese durante a?...
Un par de meses antes de fallecer, el gestor cultural José Luis Cienfuegos llevó a la Seminci de Valladolid una película que él consideraba singular, diferente al resto. El que fuese durante años director de festivales como el de Gijón, Sevilla o en última instancia Valladolid era conocido por apostar por un cine diferente, original y revolucionario a su manera, y se puede decir que la última película en la que apostó ciegamente llega ahora por fin a cines: Lionel.
“Tuvimos una reunión individual cuando la película todavía era solo un guion y ya le gustó mucho la idea. Después fue siguiéndola y, cuando se la enseñamos terminada, fue un flechazo. El día del estreno, estábamos en el photocall y él gritaba: ¡Carlos, la Espiga de Oro!. Era el director del festival y decía eso antes de que se hubiera decidido nada. Estaba muy a muerte con la película. De hecho, nos la incluyeron cuando la convocatoria ya estaba cerrada", asegura ahora Carlos Saiz, debutante en el largometraje con esta película tan especial que está basada en la vida de dos personas reales, las mismas que se interpretan en la película: Lionel Corral y su padre, de nombre Lionel también. Saiz nos revela su historia.
“Conocí a Lionel hace muchos años en Murcia, por el grafiti, y también conocí a su hermana. Me cautivó el contraste entre su historia y su forma de ser. Cuando lo conocí, su madre acababa de fallecer y su padre era una figura prácticamente ausente para mí: alguien que se había ido hacía mucho tiempo y a quien no veía. Al mismo tiempo, Lionel era un chaval muy sensible, de barrio, con una manera de hablar muy particular y con un vínculo muy fuerte con la música. Empecé a retratarlo de forma natural con el móvil y poco a poco entraron otros miembros de la familia. Cuando conocí mejor a su padre, pensé: Aquí hay algo muy fuerte”, explica el director, quien realizó un primer ensayo en forma de cortometraje con los mismos protagonistas, y ahora ha llevado a la gran pantalla esta historia que ya ha triunfado en festivales internacionales como el de Transilvania o Pekín, donde se llevó el premio a mejor actor el mismísimo Lionel padre.
Una amistad convertida en película“El corto fue una primera prueba, un simulacro de lo que después sería la película. Tenía menos medios y una historia más breve, pero ya abordaba una temática similar y nos permitió acostumbrarnos a la presencia de las cámaras”, desvela Lionel hijo. “El corto ayudó a perder el miedo a la cámara. Después de esa experiencia, ya no supuso un problema que nos grabaran”, secunda el padre, todo un descubrimiento en una película que nunca termina de ser ficción pura ni tampoco se mueve por el camino del documental. “No trabajamos con un guion estricto ni con diálogos que hubiera que memorizar. Carlos y el equipo tenían una estructura, una especie de mapa: nos proponían llegar a determinados lugares o recuperar episodios de nuestra relación y de viajes anteriores. A partir de ahí, improvisábamos. La intención siempre fue que todo resultara fiel a nuestra manera de hablar y de relacionarnos”.
En la película, padre e hijo se embarcan en un viaje por carretera desde Murica hasta Francia, con el objetivo de ver a Alicia, hija de uno y hermana del otro. Un viaje que empieza con absoluta incomunicación, y que poco a poco va acercando a padre e hijo, con una narrativa muy cinematográfica pero que no dejaba de narrar un encuentro real que se estaba produciendo en ese mismo momento. ““Me interesaba conocer las formas clásicas y los dispositivos de rodaje para romperlos. Albert Serra y Jonathan Glazer son referencias en ese sentido: experimentan mucho con la forma, con varias cámaras, con cámaras ocultas y con una idea del cine digital que permite rodar de otra manera”, razona Saiz, quien menciona el reaility y Gran Hermano como otra posible referencia.
“No entiendo que un arte tan vinculado al presente se limite a recrear emociones si puede llegar a encontrarlas delante de la cámara. El cine permite pulsar una realidad, filmarla y buscar esos momentos. El digital facilita eso. Puede haber algo de reality, pero aquí hay 90 minutos construidos a lo largo de seis años de trabajo; un programa como Callejeros puede hacer 90 minutos en medio mes. La diferencia está en el tiempo, en la sensibilidad y en el cuidado”. A diferencia de los programas en los que a veces la línea de la intimidad se cruza y el morbo se hace presente, Saiz tiene clara la forma éticade proceder. “El límite está en quererlos mucho y en conocerlos. La película está hecha para el público, pero antes que nada está hecha para ellos. Quiero que tengan un álbum familiar en forma de película, algo que puedan ver dentro de muchos años y que les devuelva ese momento de sus vidas. Intenté ser fiel a lo que veía”.
Falta sentimientoLa pregunta que queda hacerse ante algo así es, ¿realmente tiene el cine un poder terapéutico? Sus protagonistas lo aclaran: “La película fue una excusa para pasar tiempo juntos en familia. Más allá del resultado cinematográfico, durante el rodaje ocurrieron cosas que nos han permitido compendernos mejor el uno al otro. Yo pude conocer aspectos de la infancia y de la vida de mi padre que desconocía, y también hablé con personas que ayudaron a aclarar muchas dudas”, razona el hijo, aunque el padre se muestra más cauteloso. “Yo conozco a mi hijo desde pequeño: es serio, cabezón y ha preferido mantener cierta distancia. Él tiene su vida y yo tengo la mía. La película muestra una intención de acercamiento, pero en la vida real cada uno sigue su camino”.
Con Carolina Durante (Falta sentimiento) y Él Mató a un polícia motorizado (La noche) como gran banda sonora, Lionel sirve también como un puente imaginario entre dos generaciones no opuestas pero sí entre las que existe una gran brecha que ilustra la película. “Hay una falta de comunicación muy fuerte en esta familia. Hablan mucho, pero no siempre logran decir lo que de verdad sienten”, señala el director. Con el estreno de la película en cines, el largo viaje que han vivido los tres parece llegar a su fin, aunque Lionel padre tiene claro que ya le ha cogido el gusto a la cámara y que aún hay cosas por contar: “Me gustaría hacer otra película, incluso una segunda parte. Dejamos una puerta abierta para continuar la historia, aunque el director todavía no parece decidido. Yo sí tengo ganas y algunas ideas. Una película tarda años en hacerse, por eso habría que escribirla y desarrollarla con tiempo”.